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Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

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    [Solitario] La chispa que originó la llama

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    Miyumi
    Feca - Rango 1 -Pastor
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    Ficha
    Raza: Feca
    Primera habilidad: Fire Bending - Novata
    Segunda habilidad: Herencia de las Estrellas

    [Solitario] La chispa que originó la llama

    Mensaje por Miyumi el Miér 12 Feb 2014, 10:14 pm

    Corrió por la isla sin cansarse, perdiendo de vista a sus compañeros, enojada consigo misma. “¡¿En qué estaba pensando?!” La batalla que acababa de ganar con los demás surcó su mente, seguida de la mazmorra, el Jalato de guerra que la asistenta había casi matado y finalmente el asalto de su Templo. “No hay modo de que una niña como yo… ” pensó mientras sus ojos se humedecían y apretaba los puños con rabia.

    Cuando su cuerpo cedió ante la fatiga, después de cruzar las praderas de Incarnam, pudo ver cómo había llegado a un peñasco separado del resto de la isla, con un enorme árbol en él que usó para sostenerse y recuperar el aliento. Atardecía ya y la isla pronto era bañada en tonos anaranjados como su traje. Miró el horizonte, donde las nubes pasaban apacibles sobre el mundo del cual había venido, o más correctamente, huido como ahora creía.

    Se sentó entre las raíces del gran árbol, limpiándose el rostro, con las rodillas alzadas frete a ella que usó para apoyar los brazos y luego su cabeza. Siguió mirando mientras intentaba ordenar la maraña de pensamientos que la aquejaban, pero con el pasar de los minutos, quedó dormida allí mismo, inclinada, apoyada en una raíz tan alta como ella, a la sombra de aquel Roble que seguro pudo ver tantos aventureros similares a ella pasar como hojas había tenido y perdido a lo largo de sus días.




    Pronto amaneció en las tiernas llanuras de la isla flotante. La calidez del sol dio directamente en su rostro, despertándola poco a poco. Se había quedado allí dormida, resguardada tras el gran Olmo que estaba prohibido talar. Hizo memoria y recordó cómo había llegado allí, al tiempo que apreciaba el mundo de los doce a sus pies.

    Suspiró, apoyándose contra el tronco, para luego subir un brazo a una rama que estaba a su altura y luego su cabeza encima de este. Miró las ramas del árbol, con desdén. Todo resultaba muy tranquilo, anoche había perdido ante la culpa que sentía y abandonado a sus primeros amigos fuera del templo. Sabía que hizo mal, pero solo podía repetírselo, junto a todos los demás errores que cometió antes, como abandonar a sus maestros.

    Su vista fue bajando por el tronco, investigándolo para intentar distraerse, y pronto algo llamó su atención. Una “W” tallada se hallaba justo sobre ella, encerrada en lo que parecía un escudo. Frunció el ceño, extrañada, luego se frotó los ojos, retirando las lagañas, y pudo verlo mejor, sus ojos no le engañaban.


    - Esto… - Le resultó familiar, quiso decir.

    Aquella letra le recordó el nombre que leyó en el templo, no cualquiera tiene un nombre con una inicial tan particular. Se puso de pie para revisarla mejor, no era posible que la misma persona hubiera hecho aquella marca “¿Por qué?” se preguntó en su mente “¿Y si…si fue él?”.

    Aquel de quien leyó estuvo en el mismo lugar, hace tiempo, quizás haya sido mucho, quizás poco. “¿Por qué alguien marca un ár…?” se preguntó a sí misma, respondiéndose sin tardar – Para demostrar que existo ¡Que estuve aquí! – Habló alejándose - Tenías un objetivo… - Frunció el ceño, retirando la vista hacia su puño. Lo apretó con fuerza.

    - Es verdad… - Se dijo a sí misma, volviendo a mirar la marca. Al instante sacó una cuchilla pequeña, que usaba en su clase para tallar bastones, con la que comenzó a raspar el árbol, repetidas veces. Pronto dejó una “M” junto a aquella letra, encerrada por un escudo con la misma forma - Yo también lo tengo – Afirmó, decidida.

    Apartó la vista, hacia la taberna. No quería depender de nadie, nunca más, sacó de su bolso el sombrero y la capa del joven aventurero que traía, y los vistió para ponerse en rumbo hacia los tres patanes que los desafiaron previamente, antes de entrar a la mazmorra.


    “Este es mi reto. Si lo logró, puedo lograr todo lo demás”



    Eran aproximadamente las seis de la mañana, y los tofus y jalatós aún dormitaban en la isla que poco a poco iba recibiendo los rayos del sol matutino. Ni un alma circulaba las praderas, con excepción de escasos aventureros que se pasaron la noche entrenando, intentando no dar tanta pena.

    La muchacha caminaba por allí, decidida, a paso firme y veloz. Su capa la envolvía, y la visera del sombrero cubría sus ojos, en los que una llama podía sentirse entibiar el cuerpo con solo verlos.
    Sin embargo, no era seguida por su fiel bwak, Akato, pero esto no le preocupaba pues apenas y lo había notado.

    Finalmente se topó con el arco que marcaba la entrada a la mazmorra, aún se veían pocos aventureros por aquella mañana, pero Miyumi encontró a los que buscaban, al otro lado del foso, sentados sobre una roca fanfarroneando. No demoró mucho en darse la vuelta y ponerse en camino.

    Lo patanes molestaban a un pequeño novato que, con un traje hecho con plumas de pío, había ideado cruzar la mazmorra, y por tanto se dispuso a buscar compañeros que le ayuden. Esta escoria se le había acercado con sus intenciones sucias, y allí le tenían, forzándolo a pagarles por su ayuda.


    - ¡Hey, aliento de bwork! – Exclamó la chica al llegar.

    Ellos se voltearon, la vieron imponerse en frente. Su sombrero cubría su rostro y la capa ondeaba gracias al viento matutino que a su vez mecía el trigo de los campos. Sujetó la visera del sombrero y lo apartó levemente para mirarlos, molesta y decidida.


    - Ara… ¿No es la cría de ayer? – Preguntó uno de ellos.

    - Si, la mocosa que iba con esos idiotas – Respondió el zurcarak levantándose, llevando la espada que sujetaba a su hombro y adelantándose frente a su grupo - ¿Qué pasa niñita? ¿Perdieron y ahora quieres mi ayudita? ¡Son mil quinien…! – Fanfarroneó divertido, al menos hasta ser interrumpido por una leve llama que rozó los pelos de su mejilla. Volvió a mirarla, con enfado ahora.

    - Fallé adrede – Dijo – Esta vez daré en el blanco – Levantó por completó su sombrero, empujó hacia atrás su capa y reveló en su otro brazo una llama, justo sobre la palma de esa mano.

    - Pequeña bribona – Sonrió el felino sádicamente, señalando a sus camaradas, que se movieron junto a él para pelear a su lado.

    - Será divertido – Sonrió ella.

    Sin más, los tres patanes se abalanzaron a por ella, el Xelor arrojó unas tres agujas al aire velozmente mientras el Zurcarak desenvainaba el sable para cortarla a la vez que el Sadida sacaba zarzas desde debajo de la pequeña que repentinamente ya no estaba allí.

    El felino cortó las zarzas y las agujas habían fallada, una sombra llamó su atención por lo que levantaron la mirada y allí la vieron, de un salto se elevó lo suficiente para llegar con un giro a patear la cara del sadida que gracias a su escasa agilidad no pudo evitar. Gruñeron molestos y se lanzaron nuevamente, pero esta vez el Xelor ralentizaría el tiempo en ella para darle mayor oportunidad a su líder.

    Ella lo miró fijamente al ser ralentizada, mientras su enemigo intentaba darle con la espada, sin embargo a último segundo alcanzó a impactar una esfera en su estómago que le permitió esquivar a tiempo con un salto. Ahora ella era igual de veloz y a él lo había dejado con la ralentización del xelor.


    - Pequeña… - Bufó con rabia a punto de tirar su arma al suelo e intentar despellejarla, pero se contuvo - ¡Steave, controlá a esta pendeja! - Indicó furioso.

    El xelor asintió y movió sus brazos para que varias ilusiones con forma de reloj aparecieran alrededor de la muchacha, ralentizándola aún más. El sadida a su vez se reincorporaba con molestia, haciendo crecer algunas flores alrededor de Miyumi que liberaban espiras paralizadoras.

    - ¡Las cadenas del destino muchacha! – Sonrió el Zurcarak, victorioso - ¡Nadie ha podido, ni puede-¡ - Exclamó con sonrisa de oreja a oreja, sin poder acabar su parloteo, pues la muchacha ya había aplastado sus pies en su cara, mostrándole el ceño fruncido junto a una sonrisa leve en su labios.

    El Xelor pateó el suelo y disparó de sus mangas, con rabia, una docena de flechas que volaron listas para clavarse en las articulaciones de la chica y dejarla inmóvil definitivamente. Sin embargo ella ya no estuvo allí, sino detrás suyo, dejando las agujas clavarse en el siguiente objetivo más cercano.

    Los gritos sonaron al unísono cuando Miyumi cargó calor en su puño para combinarlo con un Ataque natural disparado a quemarropa hacia el enano que se quejó adolorido junto a su amigo.
    Estaban ya fuera de combate, o al menos eso aparentaban, por lo que ella se giró decidida hacia el Sadida, que retrocedió unos pasos, molesto, pero atemorizado.


    - ¿Tú también me mostrarás las cadenas del destino que me atarán al suelo y condenaran mi vida a la tierra? – Preguntó sarcástica soltando una risa leve al final.

    Su enemigo juntó aire y coraje, hizo una pose similar a la de un Sumo y pateó fuertemente la hierba bajo él. Una brisa sopló el terreno haciendo ondear nuevamente la capa de la chica y el cabello de la cabeza de su contrincante.
    “¡Ven a mí con todo lo que tengas gordinflón!” pensó la muchacha alistándose para el último round.

    Como su estuviese levantando un enorme cubo de plomo, el Sadida alzó sus brazos sobre su cabeza, con una fuerza feroz, el suelo bajo ellos tembló, soltando alrededor de seis zarzas espinosas que se movieron como brazos para atrapar a Miyumi, al tiempo que las esporas continuaban emanando del suelo y varios cúmulos de tierra se levantaban tras el Sadida.


    “¡Eso!” Pensó ella cuando el reto estaba hecho. Usar una de sus perlas bastó para ser cubierta por una esfera de llamas que hacía ceniza a las zarzas cuando intentaban acercarse, moviéndose entre ellas con cierta facilidad, cubierta por cada flanco. En ese instante cruzó por su mente una idea más y con un salto se libró de las esporas temporalmente, pero durante este apuntó su vista hacia el suelo, elevando su temperatura a tal punto que el solo pisarlo quemaría a cualquiera, haciendo imposible la vida en él, y por tanto, matando el césped que liberaba las esporas del Sadida, cayendo en él firmemente con sus botas a prueba de llamas y librándose permanentemente de las ralentizaciones.

    Sin embargo, las plantas seguía arremolinándose a su alrededor, listas para triturarla apenas su barrera concluyera su duración, y un desafío más apareció frente a la chica. Las pequeñas montañas de tierra comenzaron a disparar rocas velozmente hacia ella, proyectiles del tamaño de un puño que causarían una fuerte contusión al impactar, asique no tuvo tiempo para reaccionar. Cuando el primero de los proyectiles rozó su cabeza, el segundo ya había impactado contra una barrera dorada que ella había creado en ese instante mientras corría hacia él, bloqueando al resto.

    El Sadida no esperó su veloz reacción, nervioso, movió sus brazos nuevamente realizando la misma fuerza de antes, levantando el terreno bajo ella en alto, en varias columnas que pretendían quitarle e equilibrio y alejarla, sin embargo, tras un salto, y otro, y luego otro más, ella atravesó las columnas una tras otra sin más, divertida. Su enemigo se había quedado sin ideas, perplejo, retrocedió un paso, y la chica ya estaba sobre él, llama en mano, sonriéndole.


    - Game over – Le dijo victoriosa para luego enviar la llama hacia su enemigo.

    La llama se expandió en el aire y cayó al suelo rodeándole, este se giró y vio a la chica caer tras él con un giro. Ella le miró y saludó confiada. Lo próximo que supo fue que las llamas que le rodeaban se expandieron hacia arriba, encerrándolo por un instante donde recibió a las llamas con poco gusto. Cuando estas pararon y se desvanecieron él seguía de pie, admirando cómo no le habían matado, sin embargo al levantar la vista vio por una fracción de segundos el bastón de Miyu dirigirse a su cara para dejarlo inconsciente.

    Esta le vio caer, dando por finalizado el encuentro. Se miró la mano entonces,
    “Lo hice” pensó, dirigiéndose luego al pobre diablo al que molestaban. – No lo harán de nuevo – Le sonrió.

      Fecha y hora actual: Dom 20 Ago 2017, 4:01 pm