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Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

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    [Solitario] Cuando el filo se rompe

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    Inm
    Sacrógrito - Rango 1 - Sádico
    Sacrógrito - Rango 1 - Sádico

    Mensajes : 174
    Fecha de inscripción : 07/12/2010

    Ficha
    Raza: Sacrogrito
    Primera habilidad: Locura
    Segunda habilidad: Dominio

    [Solitario] Cuando el filo se rompe

    Mensaje por Inm el Lun 17 Jun 2013, 9:34 pm

    Viaje:

    De Pandalá al bosque de los abráknidos y del bosque a Bonta, desde la ciudad de ángeles se movió a Brakmar y después de mucho tiempo, regresó a la ciudad "neutral" más grande de todas: Amakna.


    ¿Qué mejor lugar para recibir medallas, condecoraciones y reconocimientos que la ciudad a la cual no deseas ni ver? 


    El sacrógrito se había largado del castillo nada más se había terminado la fiesta... y los bocadillos y las bebidas... y alguna otra cosa comestible. Sus pasos le guiaban hasta las casas que se aproximaban al bosque, aquellas casas ubicadas abajo del taller de los sastres y a un lado del templo Yopuka; una casa de una sola planta, de grandes dimensiones, con una puerta de fresno y un diseño tan simple como nada ambicioso; ese lugar tan sencillo alguna vez lo llamó hogar.


    Suspiró.

    - Sensacional Inm, vamos, sigue a una sexy aniripsa por el bosque y prométele que le ayudarás sin aceptar nada a cambio, si, si... eres un buen mercenario.- Se decía a si mismo, acercándose a su antiguo hogar.- Oh, espera... si obtuviste algo, cierto. Obtuviste romper tu arma y un corte en los cojones.- Rió para si.- Lo último fue más agradable... ¿Qué opinas Inm? ¿Seguimos prometiendo ayuda a gente desconocida? Claro, con tal de obtener m... - Suspiró, serio, la pérdida de Medio par le había conducido hasta tal lugar, donde al menos, en este tiempo no desearía llegar.


    Toc toc toc.


    Fueron tres golpes rápidos y fuertes que despertarían hasta al más perezoso.


    Sin embargo, sabía que no le atenderían, no tan fácil.
    Hizo crujir la puerta con su puño, una vez más con tres golpes sencillos.
    Y nada ni nadie contestó.
    Sus párpados se deslizaron cubriendo sus globos oculares, esperando, seguía tocando a la puerta, con toques lentos, insistentes; así era en aquella casa.


    "El pequeño Inm permanecía en la sala, un infante de seis años, estableciendo su diversión en girar una metaria verde por toda la alfombra, era divertido y curioso.


    La curiosidad del niño se abalanzó sobre un nuevo objeto, la entrada que en aquel entonces poseía un timbre al cual estaban tocando.


    - ¡Mami! ¡Los testigos de yopuká! - Exclamó, corriendo hacia la amplia cocina, donde una aniripsa de cabello azul oscuro y alas marrón claro preparaba la merienda.


    - Déjalos que toquen... - La aniripsa de una estatura apenas mayor que Inm le sonrió brevemente.


    - ¿Por qué no les decimos que no...? - 


    - Decir no, es malo... - Explicó la mujer, tranquilamente.- Pero si quieren algo, tienen que insistir.-


    - ¿Insistir no es malo? -


    - No.- 


    - Dijiste que decir no, es malo... - 


    - Sip.- La aniripsa suspiró, dejando de cortar una manzana para ofrecerle a su hijastro un trozo.- Quizás... no lo entiendas ahora, pero, en la vida siempre insistirás, en seguir tu camino, insistirás en hacer lo que te gusta, insistirás en descubrir todo aquello que no sabes... y por sobre todo, perseverarás cuando del mal quieras escapar.- Esta le miró y le besó la frente.


    - ¿Qué es perseverar mami? - El sacrógrito le miró, curioso.


    - Insistir.- 


    Los testigos de Yopuka seguían a la puerta y como contaba la leyenda, insistentes, tocando el timbre."

    - Insistir... - 

    Habían transcurrido unos minutos y el cerrojo de la puerta sonó desplazándose lateralmente en el interior de la casa, indicando que los molestos golpes del sacrógrito en la puerta, habían por fin captado la atención del huésped.

    - ¿Quién es? - Preguntó una voz femenina, suave.

    - Inm.- Respondió con simpleza, el hecho de estar frente a aquella casa, la faena que consideraba el tener que enfrentar su pasado le irritaba, su rostro no podía ser menos ni más que la inmdiferencia.

    La puerta se abrió rápidamente, la señora con una sonrisa en su rostro, una sonrisa llena de alegría.- Inm... - Repitió, acercándosele para abrazarle.

    - Cambio.- Y en fracción de un segundo el sacrógrito había sustituido el lugar con la mujer, dándole la espalda.- Ni lo intentes.- Ordenó, caminando hacia el pasillo que conectaba el vestíbulo con la cocina y las habitaciones, en las cuales una puerta guiaba al sótano.

    - Has crecido un montón... - Intentó halagarle, siguiéndole.

    - En cambio tú, nada.- Replicó distante.

    - Yo no puedo crecer más de aquí, soy una... - La aniripsa no llegaba más allá del pecho del sacrógrito.

    - Sé lo que eres.-

    La puerta del sótano era bloqueada por un candado, el cual Inm no tardó en jalar intentando forzarlo.

    - Espera un momento voy por la lla... - 


    El sacrógrito se alejó medio kámetro de la puerta y levantó su pie y lo hizo descender violentamente contra la puerta, transmutandola en astillas sin problema alguno, siguiendo su avance al laboratorio bajo aquella casa.

    - Gra... gracias... - Pudo pronunciar la mujer, acompañándole en su descenso.


    Los minutos solo provocaban un silencio más incómodo que una astilla en la ropa interior, una astilla de olmo.
    La aniripsa observaba a quien una vez fue su "hijo" y este a su vez fijaba su mirada en un laboratorio lleno de círculos de transmutación, esqueletos pertenecientes a bestias que nunca pudieron triunfar como experimentos que eran, tubos de ensayo llenos de sustancias inmnimaginables y pócimas que en su interior guardaban hasta la más extraña de las invocaciones; el laboratorio de un aniripsa.


    Inm suspiró al ver todo aquello, la nostalgia se apoderó un momento de su mente, tanto tiempo había invertido en aquel lugar ¡casi toda su infancia! pero ahora solo un lugar más al cual no desear entrar; se acercó a una de las mesas, donde un par de grebas de cristal rojizo reposaban, las partes de su nueva arma: corrupción.


    Un arma manufacturada por razas de estatura pequeña pero mente gigantesca, unos, domadores del tiempo y otros maestros de la fraseología. 
    Y las canciones dicen que tanto las palabras como el tiempo, no tienen fin.
    Son almas encerradas en formas talladas sobre lienzos, escritas en el pensamiento de cualquier ser pensante... ¿y el tiempo qué sería? Sino el todo. 


    Es por tales razones que, la sabiduría es una de las armas más poderosas, son pensamientos intemporales, que carecen de mortalidad y que están predispuestos para sobrevivir a cualquier proceso.


    Eso es corrupción, el arma creada a partir de la unión de dos poderosos elementos con el objetivo de darle a su portador la posibilidad de perdurar, de encarar a la muerte y reírse de ella, un arma inmortal.


    - ¿Donde está el resto...? - Preguntó, sentándose en la mesa, comenzando a colocarlas en sus extremidades.

    - Tu padre pensó que... - 

    - ¡Solo dime donde están! - Exclamó, alterado.


    La aniripsa tragó saliva y suspiró, intentar negociar con el no era algo que funcionaría, ya lo había intentado antes.

    - En icarnam... - 

    - ¿Donde? - Preguntó imperativo.


    La aniripsa bajó la mirada, ansiaba esta visita, ansiaba verle, pedirle que se quedara una noche, hacerle una comida y desearle buenas noches, pero nada era así.

    - Tu... sabes donde... - Pronunció con la voz en un hilo.


    Inm esbozó una mueca en su rostro, asqueado y prosiguió a levantarse.- Siempre la ponéis difícil ¿no? - 


    La aniripsa no respondió.

    - Buenas noches.- Se despidió el joven, pasando al lado de esta, regresando sobre sus pasos.

    - Inm... - El muchacho no respondió, sin intención alguna de pararse.

    - Te quiero... - Le deseó la aniripsa.


    El adorador de sacrógrito salió de la casa, ignorando aquellas últimas palabras, decidido.


    Se detuvo un momento, mirando el cielo, habían unas nubes que seguramente se habían separado del "rebaño", haciendo imposible el divisar la isla flotante desde su posición. Sonrió ampliamente.

    - Icarnam, aquí vamos.- 


    Y con las grebas de Corrupción bajo su pantalón, echó a correr hacia el zaap.

      Fecha y hora actual: Vie 24 Mar 2017, 10:56 am