Conectarse

Recuperar mi contraseña

Facebook

Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

Mejores posteadores


    [Solitario] Las Guitarras de los Ángeles 2

    Comparte
    avatar
    Evix
    Ocra - Rango 1 - Tirador

    Mensajes : 42
    Fecha de inscripción : 03/07/2012
    Edad : 22

    Ficha
    Raza: Ocra
    Primera habilidad: Tenebris Latus*
    Segunda habilidad: Machinam Vibrationum

    [Solitario] Las Guitarras de los Ángeles 2

    Mensaje por Evix el Dom 09 Jun 2013, 6:32 am

    Spoiler:
    El protagonista está en una cueva marina en el Mar Rano, por la costa norte de Sufokia. Viene de: Guitarras de los Ángeles - El Beso Bajo la Oscuridad 1

    6


    Me sentí despellejado de matanza calé. Con garfios por la piel de esos que te hacen airear el interior. Me agarraba por los brazos y el vacío estaba tras de mí. Me corría el sudor frío por el pecho, bajo la ropa, y ésta se pegaba a mi cuerpo.
    -Vale, venga -respondí-: vamos.
    Aquel ser flamígero y bello se escapó con su tortura física por la pared como una araña siniestra. Escarpó la roca arrastrando la cara por ella como si siguiera un rastro con el olfato. Cual fue mi sorpresa al verle descender por la pared lisa y recta que desciende en picado hasta el suelo por la abertura tras de mí. Aquel diablillo pretendía que yo siguiera su camino, pero de hacerla caería como un saco de paja y me abriría el cráneo como un coco partido a mazazos.
    -Eh -susurré desde lo alto, cuando mi compañero ya casi había terminado de descender, cabeza abajo para mi sorpresa, toda la pared-.
    Se giró sobre sí mismo y me miró fijamente con ira:
    -No tengas miedo. Si bajas, te ayudaré. -Y siguió bajando.
    -Bueno.
    Me agarré a la pared y comencé a rascar la arenilla de ésta con las uñas. Temblaba y el sudor ya había bajado hasta mi ingle; estaba empapado de terror. El agua salada de mi cuerpo se mezclaba con la del mar que antes me había bañado en sus lágrimas.
    Fui cayendo entre los salientes, abriéndome la yema de los dedos con las erizadas formas de los cantos y la piedra que soltaba gravilla con cada apoyo que encontraba. A duras penas, y sangrante, bajé hasta el suelo, donde el personaje me miraba en pose de araña succionando el suelo con su cuerpo.
    La sala era de catedral; una luz suave y de brisa que entraba de algún punto indetectable, y unas proporciones de vacío que solo el agua entre los sedimentos es capaz de hacer. Las estalagmitas eran gruesas, y creaban pasajes redondos como túneles entre espejos por los que pasaba la corriente fría de aire; había una salida externa, pensé.
    Me condujo, enseñándome el culo entre su ropa vieja y primitiva, arrastrándose por el suelo, caverna abajo. El suelo descendía y bajo mis pies se acomodaba como una colcha gelatinosa que se hundía cada vez más. Aquella gran boca de lobo desembocaba en otro pozo que caía; la rampa entre columnas de fibras desembocó en la terminación redondeada de la misma, con un agujero del tamaño de mi cabeza en el suelo. El camino terminaba ahí.
    -La Caverna de los Malditos -susurró chupándose un diente mi compañero, con voz emocionada-. Aquí los ángeles te pondrán a prueba.
    Me acerqué al agujero y asomé un ojo, pero no se veía nada:
    -¿A prueba?
    -A prueba. Te ofrecerán lo que deseas como todo hombre, lo que temes como todo hombre, y lo que desconoce todo hombre. Y lo enfrentarás.
    Miré escéptico nuevamente a través del agujero:
    -Ya veremos si les va tan bien a los ángeles con sus tópicos -dije para mí.
    -Oh, descuida -dijo el hombrecillo lacónicamente-. Los ángeles son semidioses, pueden ver que tus deseos carnales son otros -dijo marcando una sonrisa dentada.
    Me quedé mirándole preguntándome cómo lo había descubierto.
    -A ellos no les importa; les da lo mismo abrir el fruto de Eva que el de Adán. Lo importante es que caigas en su prueba y comas de éste -dijo relamiéndose un labio-, que lo comas y extraigas el jugo.
    Me aparté con sutileza del hombrecillo, que comenzó a inquietarme. Me pregunté si quería verme morir o realmente sentía el altruismo de ayudarme.
    Y, entre mi indecisión, alguien me empujó a través del agujero y caí de pie, que se abrió al chocar contra mi cintura pues no era más grande, y me tragó como la boca de una ameba monstruosa que absorbe hasta el fondo del abismo a su siguiente esqueleto.

      Fecha y hora actual: Lun 26 Jun 2017, 5:48 pm