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Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

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    [Solitario] Alas negras y el adiós del caballero

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    Dirien
    Sacrógrito - Rango 5 - Caballero de Amakna
    Sacrógrito - Rango 5 - Caballero de Amakna

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    Localización : Desconocida.

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    [Solitario] Alas negras y el adiós del caballero

    Mensaje por Dirien el Jue 06 Jun 2013, 1:39 pm

    Spoiler:


    Apartó la vegetación con suavidad con la mano, como quien declina la oferta de una buena bebida de una mujer atractiva.

    Se detuvo en cuanto llegó al claro del bosque cubierto de hierba y moho ennegrecido.

    -Ha pasado poco tiempo, pero sigue pareciéndome una eternidad...

    Habló para sí mismo mientras avanzaba unos pasos con gesto despreocupado, sintiendo la hierba bajo sus botas de cuero.
    Una leve brisa recorrió el bosque, arrancándole siniestros y estridentes crujidos a los árboles de aquella zona, que se caracterizaban por su poca pureza y sus formas malignas.

    Aquel lugar lúgubre habría inquietado a cualquiera, pero en él evocaba un extraño sentimiento de tranquilidad. Supuso que se debía a que se había acabado acostumbrando a que la oscuridad formase parte de su propia esencia.

    Con la falta de luz, sus ojos, normalmente de un verde esmeraldino, cobraban tonos más sombríos que los opacaban, y un buen observador habría dicho que incluso le cambiaban ligeramente de color.

    Una vez en el centro del claro se giró, extendiendo su conciencia por el aire y éste se movió travieso entre los árboles, alborotando sus copas y agitando las zarzas y arbustos del bosque.

    -...Bien. Estaba en lo cierto al asumir que este lugar no sería fácilmente perturbado.

    Se quitó el abrigo blanco y lo dejó en el suelo junto a él, y procedió a desabrocharse la camisa con parsimonia.

    En el proceso recordó las últimas horas del día, y no pudo evitar sonreír recordando la sonrisa de la pequeña aniripsa. También había mandado varias cartas, sobretodo a sus familiares y amigos más cercanos, entre ellos Matdont y Suhka, explicándoles que desaparecería del mapa un tiempo indefinido, lo que necesitase para reponerse de la muerte de Rin.

    Era una mentira, pero a medias. Regresaba porque tenía una promesa que cumplir con su padre, pero era cierto que necesitaba un tiempo más para que su herida sentimental cicatrizara.

    Hablando de cicatrices, el sacrógrito no pudo evitar sorprenderse al verse el torso desnudo. La cicatriz que le había hecho Fujur estaba allí, cruzándole el pecho en diagonal, con un aspecto terrible.

    Había sido tratada bastante mal, de modo que la marca que había quedado le daba un toque de fiereza a su cuerpo que en cierto modo agradecía. Al fin y al cabo siempre le habían dicho que sus facciones eran demasiado agudas, no muy diferentes a las de una mujer. Aquella cicatriz reafirmaría su virilidad...o algo parecido.

    Suspiró. Debía ver el lado positivo de las cosas, o de lo contrario duraría poco en un mundo tan duro como lo era aquel.

    Dejó caer los hombros y se relajó, encorvándose lentamente, sintiendo la piel de la espalda tensarse.

    << Nyd, necesito una mano. >>
    << Ya va, ya va. >>


    Sintió cómo el tatuaje de la espalda le ardía, el sol negro tatuado sobre su fina y blanca piel parecía cobrar vida por segundos.

    << Echaré de menos este mundo. >>

    Con la facilidad con la que una hoja muerta cae del árbol, una sombra brotó del tatuaje, irguiéndose y cortando el aire en un espasmo, expandiéndose por completo en unos pocos segundos.

    Unas alas negras nacían de su espalda, hechas de pura oscuridad. Eran fuego, eran noche, eran las pesadillas de un infante hechas pluma.

    El rostro de Dirien se contrajo con una mueca de dolor en el momento en el que las alas negras se extendieron, cortando el aire que sonó como un ejército de cristales rompiéndose contra el suelo en el mismo segundo.

    << Adiós. >>

    Las alas volvieron a agitarse, esta vez convirtiéndose en cenizas llevadas por el viento, desintegrándose en el acto. Las cenizas formaron un torbellino negro que rodeó a Dirien, formando una esfera a su alrededor, envolviéndolo, tragándoselo, consumiéndolo.

    Todo fue en unos pocos segundos.

    Una suave brisa meció las copas de los árboles ennegrecidos y retorcidos, que crujieron siniestramente.

    Dirien habría disfrutado de aquella sensación si hubiese estado allí para sentirla.


      Fecha y hora actual: Lun 18 Dic 2017, 3:37 pm