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Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

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    Oathkeeper
    Yopuka - Rango 3 - Guerrero
    Yopuka - Rango 3 - Guerrero

    Mensajes : 244
    Fecha de inscripción : 07/12/2010
    Edad : 26
    Localización : Astrub

    Ficha
    Raza: Yopuka
    Primera habilidad: Espadachín de Yopuka
    Segunda habilidad: No Shinrei Gurē

    [Solitario] Recompensa de 150.000 Kamas

    Mensaje por Oathkeeper el Sáb 25 Mayo 2013, 9:45 pm

    Spoiler:
    Off-Rol: La historia viene de [Solitario] Zarzas Damnificadas

    El chillido de un dragopavo rechinó en los oídos de las proximidades. Uno de ellos, la ventana abierta de una posada, que daba a una habitación en la que el espadachín albino descansaba.

    Se repuso hasta quedar sentado en el borde de la cama, con los brazos apoyados sobre las rodillas. Sus ojos se abrieron en calma, revelando su profundidad grisácea atípica de cualquier ser. Oath en aquellos momentos vestía su ropa de siempre, con la excepción que se había quitado su túnica, por lo que solo vestía la camisa que tiene por debajo. De color negro, unos tres botones para el cuello, y mangas que llegan a sus codos; dejando a la vista sus, raramente para su delgada figura, musculosos brazos.


    - Viejo sadida... ¿estás ahí? - Dijo con su frialdad de siempre, aparentemente obviando el hecho de que recién se estaba despertando.

    Por la ventana entró el espíritu chaman de tono blanquecino y atuendo primitivo. El mismo que el espiritista encontró en el Bosque de los Abráknidos - Hmph, acaso se te ocurría dormir más?

    Oath se levantó y caminó hasta su espada, que yacía apoyada contra la pared al pie de su cama. La tomó y, tras admirarla por unos segundos - ... Vamos - Tomó de la mesa de la esquina su bolso de viaje y su túnica formal de la cabecera de su cama; y salió de la habitación.


    Habían pasado dos días desde que se encontró con el espíritu tribal en aquella tarde nublada en el bosque. Ambos partieron en busca de los leñadores que según el anciano limpiaron en su oportunidad la madera del Bosque de los Abráknidos, lo cual llevó, en su intento de proteger su hogar, a la muerte del espíritu. Pasaron primero por la ciudad de los mercenarios Astrub, vecina del bosque en el que habían estado hace dos días.

    El espadachín se enteró sin mucha dificultad de que el autor responsable de aquella ofensa natural es un criminal buscado, con una recompensa por su cabeza de 150.000 kamas. Para referencia, Oath tomó uno de sus afiches de "Se Busca":

    ~ Se Busca: ¡Saul "Was" Khain! ~


    "La imagen muestra a un humano, increíblemente fornido e imponente, de piel azul oscura. Sus ojos emiten una intimidante luz. Tiene pelo salvaje negro, usa una camisa rasgada de color marrón y pantalones negros, sucios y gastados. Todos lo suficientemente grande para entrar en su gran cuerpo. Tiene la mirada fruncida y una sonrisa confiada".

    Si hay alguien a quienes los Sadidas pueden odiar gratis, ese es Saul. Una vez fue reconocido por ser un impulsivo y entusiasta leñador de Amakna; compitiendo con todos en el taller por conseguir las maderas más exóticas de los Doce. Pero ahí no había tanto problema, ¿qué hay de malo con un poco de competencia?
    Las cosas se volvieron extremas, por supuesto. Los testigos afirman que Saul se volvió, literalmente, la "sierra" con la que talla su madera. Sus ganas de probar su natural facultad (que los dioses sabrán como obtuvo) llevaron al leñador a limpiar de árboles toda la sección del Bosque de los Abráknidos, específicamente el Bosque Viviente e incluso algunas partes del Bosque Oscuro. Tras obtener toneladas de madera de abráknidos, se fue silbando macabramente a su taller.
    Se sospecha trabaja acompañado de unos mercenarios.

    Condenado a cárcel en Astrub por destrucciones naturales masivas y sádica agresión.

    Recompensa:
    150.000 Kamas

    Al parecer los leñadores de Astrub le siguen la pista, ya que bastó con hacer unas preguntas en su taller para que mencionarán que, en los últimos días, se está quedando en el Pueblo de los Ganaderos. Tras pasar el día durmiendo en la Taberna de Astrub, el espíritu sadida y Oath partieron al Reino Koalak en busca del criminal.


    - ... ¿Lo has estado buscando esta mañana? - Murmuró Oath mientras bajaba las escaleras de la posada, poniéndose su túnica.

    - Pues chi, no tenía mucho que hacer sabes - Gruñó el viejo sadida.


    Si alguien orientara los ojos fijamente a Oath, notaría su conversación graciosa, ya que el espíritu era una entidad no visible.

    Sin embargo, no había casi ni un alma para que hiciera esa acción. La posada estaba desolada cuando el yopuka llega al primer piso. En la habitación solo había un osamodas que barría el suelo de madera; un zurcarak encapuchado en una esquina, leyendo un libro; y un viejo en túnicas de alquimista color miel.


    El espiritista se acercó al osamodas. Era de piel marrón, ropas de ganadero y cabello negro. Los cuernos y cola característicos de su raza no faltaban - ... Disculpe - Pronunció el yopuka albino al quedar al frente del osamodas. Su voz era enigmática, sombría y carente de emociones, pero transmitía cierta serenidad y pureza - He venido en busca de este hombre - Le mostró al frente de la cara el afiche de Se Busca de Saul al tabernero, el que se notó dio un salto por la sorpresa.

    - ¿A-Acaso has venido a cobrar su recompensa? - Dijo con cortesía el osamodas, pero por el entrecorte de sus palabras se pudo notar estaba nervioso - Oye, no d-deberías intentar... ¡No tienes idea de lo que le ha hecho a los que han venido antes que tú! ¡Ese hombre no es normal!

    - ... Tch - Raramente, Oath mostró una decepción, como si lo que hubiera dicho el osamodas no tenía ni pies ni cabeza - ... El Mundo no sería el que conocemos si no estuviera plagado de personas anormales - Dijo serio con la mirada perdida por la ventana - ... Gracias... creo regresaré esta noche para descansar antes de mi viaje.

    El viejo se quedó viendo al yopuka pasar de largo a su izquierda, mientras él mezclaba unas pociones en su mesa.


    Oath puso pie fuera de la posada, viendo las calles cercadas del Pueblo de los Ganaderos. Era la primera vez que estaba en aquel lugar.

    El espíritu del tribal sadida pasó de largo al espadachín, gruñiendo quejas y maldiciones al nombre de Saul. Después de contemplarlo por unos segundos en inmutable silencio, comenzó a seguirlo.

    Habían dragopavos en todas las esquinas, asomando sus cabezas por encima de los cercados, los cuales básicamente eran cada cuadra del pueblo. Además de una basta variedad de razas cuidándolos, los seguidores de Osamodas aparecían cuidando de los dragopavos muy a menudo, tal vez siendo prueba de su afinidad por el adiestramiento de criaturas.

    - Hmph, parece mantienen unos matorrales para ambientar los cercados - Señaló el sadida etéreo, mostrando una vez más su aislado interés de la naturaleza.

    - ... Podrías adherirte a eso como hiciste con el árbol antes? - Preguntó mientras veía a la misma dirección del sadida: un dragopavo pelirrojo que estaba batallando con su dueño que había entrado al cercado. Los espectadores no hicieron más que partirse en risas al ver al pavo embestir una limpia patada en la entrepierna del hombre. El pueblo estaba comenzando a despertarse.

    - Cheh, si puedo - Contestó el viejucho - Aunque, algo como ese matorral no tiene muchas raíces o ramas, por lo que mi poder chería menor al de antes.

    Los compañeros espirituales continuaron caminando por las calles, volteando a todas las direcciones. Oath se cruzó de brazos en el momento de dirigirle la palabra al espíritu - ... Todavía no he oído tu nombre, espíritu sadida - Cortó sin más el silencio que se había formado.

    - He abandonado mi nombre hace años - Dijo casi inmediato a la pregunta de Oath. El espiritista solo se quedó viéndolo con su mirada de siempre - ... Pero, Sadida me ha asignado el nombre de Adi, ¡¡así que apréndalo señor!! - Le exclamó el viejo tribal, apuntándole a Oath en una repentina estocada su bastón de madera.




    Pasaron horas, y eran las seis de la tarde, el sol se había ocultado. El cielo era de un ligero tono morado, al cabo de una hora ya se sumergiría en oscuridad.

    Una sierra resonando por todo el pueblo fue la señal.


    - ¡¡FUERA DE MI VISTA!! - Un grito se oyó por el entonces colorido Pueblo de los Ganaderos. Fue acompañado de un sonido asemejando a un derrumbe.

    - ... ¡! - Oath, que seguía buscando a su objetivo, volteó el cuerpo en dirección al sonido, frunciendo la mirada.

    - ¡Que esa sea la señal que me das, Padre Sadida! - El viejucho espíritu hizo un grito de guerra, y se fue en rabia a donde vino el derrumbe. El espadachín lo siguió tras unos segundo de contemple.


    La conmoción se esparció por todos. Oath y el alma errante, que iban llegando al lugar por las calles, eran empujados por habitantes corriendo en dirección contraria a ellos. Se les notaba el miedo en sus rostros.

    Tras pasar entre la multitud, llegaron a una plaza. La plaza estaba rodeada de un sendero de rocas naranjas, con bancas de madera y esculturas de dragopavos, muy bien hechas. En el centro del área verde, había un árbol alto de kalipto... énfasis en "había", pues se había derrumbado, cayendo de lleno en una casa adyacente, atravesándola y causando estragos serios.

    Detrás de donde debía estar el árbol, se encontraba, temible e intimidante, el hombre de aquel afiche de Se Busca.


    - ¡Hehe, esta es de las buenas! - Exclamó una voz grave y de bravucón.

    El humareda resultante del derrumbe se despejó, dejando a la vista por completo a Saul Khain.

    - ¡¡T-TÚ....!! - Comenzaba el sadida a enloquecer, en vano ya que el humano no sería capaz de percatarse de su presencia - INclUsO ahoRa.... ¡SIGUES ROMPIENDO LA NATURALEZAA!

    El humano alzó la mirada, sus ojos que emitían una luz constante se cernieron sobre el espiritista, que lo veía expectante, inmutable y con una mortal seriedad emanando de su ser.

    - Oh...? ¿Y quién puedes ser tú, huesos? - Dijo confiado en burla a Oath. Dio unos pasos hacia adelante, en horripilante sorpresa haciendo temblar un poco el suelo en cada pisada. El tamaño de su cuerpo era impresionante.

    De detrás del abrumador cuerpo del "humano", salieron caminando dos figuras humanoides que quedaron a los lados de Saul.

    Uno de ellos, a juzgar por sus facciones faciales, era un ocra, de cabello negro recogido en una cola de caballo, con una armadura ligera de cuero y shorts de caza que llegaban abajo de las rodillas. Usaba botas largas que cubrían lo revelado de su pierna. En su mano derecho yacía listo un arco sumamente estilizado, hecho de pura madera.

    La otra, era una sadida de piel trigeña de peinado largo morado que llegaba por detrás a su cintura. Vestía un top negro y una falda larga del mismo color. Unas rosas con espinas servían de anillos para todos sus dedos de las manos.


    - Bueeh... No es mi estilo cazar humanos. ¿Tengo que participar? - Se oyó del joven ocra, a lo que se rascaba la cabeza con su mano libre.

    - Jujuju, lindo árbol el que encontraste esta vez! - Dijo pícara y juguetona la mujer, mientras apoyaba su mano en una pose lujuriosa en su hombro.


    Si los presentes en la plaza volteaban a sus alrededores, verían como los habitantes del pueblo observaban a una gran distancia la escena, ocultados en sus hogares o escondidos tras paredes o un árbol.


    Oath solo los observaba en un silencio frío y calmado. La sombra parecía reflejar su cara de forma que parecía una especie de autómata asesino - ... Tu apariencia te delata mucho, Saul Khain - Comenzó a dirigir su mano a su espada, empuñándola de golpe y dejando a la vista su destacable ornamento y aura neblinosa proveniente de su gema.

    - ¡Ni que intentara esconderme! - Respondió de un grito con un fuerte paso hacia adelante. Era increíble la inhumana esencia que emanaba, reflejándose principalmente en su piel de azul oscuro y brillantes ojos.


    - Adi... ¿podrás adherirte a algo? - Murmuró al sadida invisible al lado suyo, el cual seguía temblando de rabia y confusión.

    - ¡RRRGHHH! ¡Maldiciones a su nombre! - Siguió exaltado. Tras unos segundos, volteó a Oath y respondió - Gah, mi mejor opción era ese gran árbol de kalipto... ¡pero ese desgraciado..! - Volteó a sus alrededores, y la mejor vegetación natural que pudo encontrar fue una planta trepadiza que se había enredado en la esquina de un cercado. Tenía apariencia de una planta carnívora, con una cabeza algo similar a la de un girasol salvaje.

    - ... Tengo confianza en mis habilidades. Pero no veo prudente pelear contra esos tres a la vez - Explicó en voz baja al espíritu - Me temo... debo pedirte tu asistencia en esto.

    - ¡NI QUE TUVIERAS QUE DECIRLO, MOCOSO! ¡ESE SIEMPRE FUE EL PLAN! - El espíritu se deformó y acto seguido se "pegó" a la planta.


    En espíritu igual a cuando se conocieron el sadida tribal y Oath, dos ojos de luz se abrieron en el tope de la planta.


    - ..... - El espadachín solo contempló en silencio, sin quitarle la mirada al criminal buscado y su dúo de acompañantes, posiblemente peligrosos a juzgar por apariencia.


    Una cuerda se tensó, y una flecha de punta de cristal salió en dirección a Oath. Hábilmente interpone su espada entre él y la flecha, bloqueándola de lleno, y haciendo sonar los filos.


    Bajo los pies del yopuka, la grama comenzó a deteriorarse al punto que se abrió, de cuyas grietas se elevó un gas de aspecto denso y añejado.

    Oath se tiró hacia un lado, pero aún así recibiendo parte del gas en su hombro - .... - Quedó en silencio, a lo que se percató al intentar moverse que su hombro se sentía algo entumecido.

    - Jiji, cuidado con la naturaleza cariño, a veces es mala - Burló la sadida mientras hacía un gesto de paz con la mano.

    - ¡Tú, idiota! - Se oyó de una voz algo grave y de un eco algo mágico. Oath la pudo reconocer ya que la había escuchado antes, era del espíritu que se había adherido a la planta cercana. Las enredaderas que caían de la planta con la que se había fusionado reptaron por el suelo, acercándose con violencia hacia la mujer de cabellos morados, quien saltó hacia su izquierda, lejos del ocra y Saul, para esquivarlas - Ohh... ¿Y esto..?

    Después, ambos sadidas quedarían peleando el uno contra el otro, a unos cuantos metros lejos de donde estaban Saul y Oath.


    - ... Es alguien menos de quien preocuparse... - Se murmuró en análisis el yopuka. En sus combates, siempre intentaba ser prudente y considerar la situación antes de actuar; por lo que aquellos tres a la vez contra él no le parecía una buena situación. Ahora, tenía al ocra y al imponente Saul frente a sus ojos.

    El arquero movió repentinamente su arco, para estirar su brazo y al parecer prepararse - Entonces... Jefe, ¿lo tomo yo? - Le preguntó en calma a Saul mientras tomaba una flecha de su carcaj.

    - No puedo quedarme sin hacer nada, sabes? - Dijo con superioridad - Haz lo que quieras, solo no me estorbes - La mole de piel oscura extendió sus brazos hacia los lados, como preparándose para recibir al espadachín, quien yacía en postura empuñando su espada.


    El ocra comenzó a tensar la flecha de cristal en su arco, y la dejó ir con velocidad. Oath reacciona y la bloquea en un blandir de su espada. Esto se repite con otras tres flechas, que el arquero lanza con destreza. Para la tercera, el yopuka dio un paso rápido a su izquierda para esquivar.

    Al fijar la mirada en el ocra tras su esquiva, Oath nota como Saul se acercaba corriendo, pisando brutamente y haciendo temblar un poco el suelo - ¡¡Ya eres mío!! - El colosal humano juntó ambas manos en un puño y le dirigió así un "hachazo". Oath interpone su espada, apoyando el filo con su mano izquierda para mantenerla más firme, pero se sorprende cuando el impacto de Saul lo hace enterrar los pies levemente en el suelo - Parece... que tu recompensa no es en vano - Dijo sombrío a la abrumadora situación.

    - ¡Muy listo, cazarrecompensas! Veamos que tal lo haces - Se divertía la mole de piel azul mientras seguía apoyando ambas manos en la hoja de la gran espada de Oath. El yopuka mueve su espada con fuerza hacia adelante, rompiendo la colisión y haciendo retroceder a Saul que esquivó el corte.

    Al reponerse, otra flecha vino de su flanco izquierdo. Sin duda le sería un reto evitar daño, ya que recién se había zafado de encima al poderoso Khain.


    Para tornar el combate más inesperado aún, una figura encapuchada apareció a la izquierda de Oath, realizando un corte en el aire con su sable, bloqueando la flecha que daría en el espiritista.

    - Uh... ¿Y tú quién eres? - Dijo confundido pero a la vez algo molesto el ocra, que bajó la altura de su arco tras ver al encapuchado aparecer.


    Si Oath le hubiera quitado la vista a Saul, que aún estaba en guardia al frente suyo, pudiera reconocer que era de la misma vestimenta que aquel encapuchado que vio en la taberna de reojo. Por debajo de su túnica se veía su cuerpo de felino, dando señales de ser un zurcarak, de piel blanca levemente amarilla. Tenía pantalones de bordes emplumados, y usaba unas sandalias. Por debajo de la túnica gris que llevaba puesta, tenía una guardacamisa azul oscura.

    La capucha de su túnica sumía en sombras su rostro a la perfección, porque lo que era complicado ver como era su cara.

    - Te interesa una apuesta, ocra? - Dijo enigmático el encapuchado, mientras inspeccionaba la hoja de su sable.

    - Oyeh, yo no estoy en la onda de tu raza, felino maleducado. Soy un ocra, Car el cazador es el nombre- Respondió poniendo una sonrisa, como si comenzara a divertirse.




    Spoiler:
    Batalla 1 - ??? vs Car

    - Es sencillo, creo te interesará - El desconocido zurcarak apuntó con la punta de su sable al ocra - ... Máximo diez minutos. Si no te derroto en ese tiempo, me dejo matar. ¿Aceptas?

    - ¡Haha! - Se partió en risas el ocra casi al instante de que el encapuchado terminara de hablar. Dio un gran salto, elevándose unos 4 metros sobre el suelo - ¡Que diferencia hace! ¡Mismo resultado, presa! - Dejó ir la flecha que estaba en posición, en dirección al zurcarak.

    El desconocido agachó el cuerpo y comenzó a correr hacia adelante, esquivando la flecha que daría en su hombro. De un salto, apareció al frente del ocra, que estaba suspendido en el aire. El zurcarak le dirige un sablazo, el cual el arquero esquiva inclinando el cuerpo hacia atrás, dándole de roce y haciendo un rasguño en su pechera de cuero. Ambos aterrizan a una distancia de 5 metros de uno al otro.


    - Ho... No será tan fácil entonces? - Car tomó velozmente una flecha de su carcaj y tensándola en su arco, la dispara hacia el cielo.

    El encapuchado salta hacia él en el momento, alzando su sable garra para atacarlo con un corte diagonal.

    El sable tenía unas cuatro perlas adheridas al inicio de la hoja. Todas comenzaron a brillar cuando el zurcarak iba a hacer su ataque; y en el instante en el que su sable iba a descender, una perla blanca fue la única que brilló.

    Car echó un salto hacia atrás, alejándose unos 5 metros, al instante que el sable pasó de largo. En una extraña manifestación mágica, sin aviso previo, todo el suelo debajo de la espada se agrietó.


    - ¡Lluvia Lejana! - Intentando ignorar el raro ataque del sable, Car exclama un hechizo. La flecha que había tirado al cielo comenzó a caer sobre el encapuchado, a lo que se separó en varias flechas, cada una rodeada de la silueta mágica verde de un pájaro.

    Cada "pájaro" flecha comenzó a impactar contra el suelo, mientras el zurcarak se movía de lado a lado para esquivarlas. Después de un salto, dos pájaros alteraron su dirección y se dirigieron a donde había aterrizado el encapuchado. Se intentó tirar hacia un lado, esquivando una de las flechas mágicas pero recibiendo la otra en el hombro.


    - Pájaros, árboles, cazador... Comienzo a sentir una temática aquí - Dijo entre sombras el encapuchado, a lo que tomó la flecha que no había podido esquivar y la extrajo de su cuerpo, soltando un gruñir de dolor.

    - Heh... ¡La naturaleza no perdona, cretino! - El ocra continuó corriendo lejos de él, mientras tomaba una flecha y le infundía una magia color verdosa, preparándose para dispararla.

    El zurcarak comenzó a seguirlo, corriendo con la agilidad felina característica de su raza. Ya habían llegado a los bordes del pueblos, dando con el territorio de los dragopavos. Alzó su sable, y las perlas comenzaron a brillar nuevamente - Ya van unos dos minutos... - Dijo metido en la emoción de la situación. Su boca, que era lo único que se veía por debajo de la sombra, parecía completar una característica cara de póquer.

    - Cómete esta, presa... - El ocra dejó ir la flecha rodeada de una aura verde, que en su trayecto fue rodeada de la silueta de un oso. A lo que llegaba al encapuchado, éste blandió su sable hacia él, y la perla blanca fue la única que quedó brillando.


    Los ataques colisionaron y emitieron una onda mágica que se sintió en la cercanía; la situación parecía ignorar el hecho de que el ataque del arquero seguía siendo una flecha. Unas llamaradas explotaron en direcciones aleatorias, lo cual resultó en el oso mágico desapareciendo junto con su flecha.

    - Agh, hablando de una mala racha. El fuego nunca me sale bien - Dijo la voz enigmático, mientras se sujetaba su brazo derecho, que terminó sufriendo quemaduras.

    - ¡Joder! Le tiré una flecha cargada y él la bloqueó de una sola... - Pensó molesto mientras tomaba dos flechas y las tensaba.


    Las perlas de la garra del zurcarak brillaron de nuevo, y en un blandir, una perla invisible fue la que palpitó de energía.

    El zurcarak dio un ágil salto hacia Car, acercándose en gran medida en unos diminutos segundos. El ocra dejó ir las dos flechas y luego tomó una flecha de cristal del carcaj, comenzando a tensarla en el arco para disparar.

    En sorpresa inmedible para el ocra, las flechas parecieron chocar contra una armadura mágica al llegar al encapuchado. Ésta era una cúpula blanca y cristalina, que se materializó a los segundos del golpe - ¿¡Cómo?! - Exclamó el ocra al ver que el zurcarak se acercó sin pausa, al parecer habiendo ignorado las flechas.

    - Alas... - El viento pareció empujar hacia abajo en el lugar en donde estaba Car, y acto seguido éste se alejó en un gran salto hacia atrás, cubriendo cerca de unos 8 metros. Posicionó la flecha de cristal en lugar para dispararla - ... ¡Lluvia Lejana! - Al dejar ir la flecha el hechizo de antes tomó lugar nuevamente: se dispersó en otras flechas, y cada una rodeada de un aura de pájaro, salieron dirigidos al zurcarak.

    El desconocido solo hizo un salto, y se fue de lleno hacia las flechas que se avecinaban. Cada una comenzó a impactar en el escudo invisible del zurcarak. A medida que los ataques eran bloqueados, el cuerpo del encapuchado parecía comenzar a tensarse en gran medida - ¡Hrgh...! ¡Círculo X! - El misterioso felino extendió el brazo izquierdo hacia el ocra, y de los interiores de su túnica salieron disparadas varias cartas. Estas avanzaban en un patrón espiral, como si fuera un torbellino de cartas que se extendía a atrapar al arquero.


    - ¡Maldición...! - El arquero interpuso desesperado su arco entre él y el espiral de cartas. Resultó en vano, y la secuencia de cartas engulleron al ocra. De la nada, una gran cortada en forma de X apareció en su pecho, sangrando a creces.

    Car aterrizó bruscamente de espalda en el suelo, a lo que se quedó inmóvil, con su arco tirado al lado suyo.

    El zurcarak aterrizó unos segundos después, cayendo en sus rodillas, con su respiración agitada - Nueve... minutos... No está mal supongo... Aunque los preciados dados no me jugaron una buena carta - Se murmuró entrecortado por su cansancio. En su aterrizaje, la capucha se le fue hacia atrás, revelando su rostro. Sus ojos estaban vendados en una tela blanca. ¿Sería ciego?




    Spoiler:
    Batalla 2 - Adi vs Jane

    Mientras los otros combates tomaban lugar, la sadida de cabellos morados y Adi, tras tomar la asistencia de la planta enredadera, intercambian ataques. Estaban como a unos veinte metros de Oath y Saul, que seguían en la plaza.

    - ¡No me gustan los enigmas! ¡¿Quién eres tú?! - Dijo molesta la sadida, que había esquivado una de las ramas filosas de Adi.

    - ¡¡Mejor ve en mí la manifestación de Sadida, disgustado de tu poco compromiso!! - Respondió en furia la voz mágica de la planta, con los ojos de luz fruncidos.

    - ¡Ha! ¡No me hagas reír! - Le gritó de vuelta la mujer - No me interesa mucho Sadida, pero aún sé lo fuerte que son las divinidades, cariño. ¡Tú eres un insulto! - Continuó burlándose, con las manos apoyadas sobre las caderas, sin importarle la presencia de las ramas que reptaban el suelo, acercándose a ella - Te mostraré el verdadero uso de la naturaleza, planta con ojos. ¡Será hermoso!

    La sadida apoyó ambas manos en el suelo, y éste comenzó a temblar.


    Las ramas que estaban a escasos metros de la mujer comenzaron a pudrirse hasta solo ser tallos secos y grises, que ya no se movían - Me llamo Jane... ¡Una planta como tú no es más que un juguete para mí!

    - ¡¿Una anti-naturaleza...?! ¡Que lógica tiene eso en un sadida! - Le gritó en ira creciente Adi, manifestándose en el mundo de los mortales a través de la planta.


    - Esa malagradecida... Si se me acerca, de seguro terminara descomponiendo esta planta a la muerte - Pensó en su plano espiritual el viejo tribal. Veía a través de los ojos de luz de la planta que tenía "poseída".

    Jane apuntó con el dedo índice hacia la planta. Una gota de un líquido verdoso brotó del interior de su dedo y cayó sin más en el suelo - Acid... Tear.

    Lo que parecía un ojo apareció sobre Adi, y en un parpadeo soltó una gran lágrima de un color verde y aspecto corrosivo - ¡¡!! - El espíritu movió las ramas que la planta tenía e hizo que todas formaran una capa sobre él. Cuando la lágrima tocó las enredaderas en forma de escudo, se oyó el hervir de algo. Fue acompañado del caer de una de las ramas.

    - Cambiaste un hechizo sadida... ¿a una versión corrupta...? - Preguntó detenidamente la planta; su voz mágica resonando en el lugar, que parecía intensificarse con cada letra - Ya no perderé más tiempo... ¡contigo! - La planta se encorvó con fuerza hacia abajo, momento en el que varias espinas pequeñas salieron disparadas a todas las direcciones, que atraparían a la sadida en su rango.

    De la nada, un gran muñeco de tela oscura salta y se interpone entre Jane y las espinas que la atacarían. El ser de tela recibió las agujas naturales, deshinchándose por unos segundos, para luego, de un relleno de aire, se volvió a inflar, haciendo caer a las pequeñas espinas al suelo - Oh, ¡bien hecho querida! - Dijo Jane en una burla de mala gana mientras aplaudía.

    - Gah, tenía que aparecer eso... - El espíritu, por supuesto, sabía con lo que lidiaba, ya que se trataba de uno de los hechizos más básicos de los sadida. Las ramas de la planta se alarmaron nuevamente, y dos salieron disparadas, con filo hacia al frente, en dirección a la muñeca bloqueadora y detrás de ella la sadida.

    Esta vez fue Jane quién dio un paso hacia adelante y extendió ambas palmas de frente al ataque de las ramas. Las dos zarzas chocaron contra las manos de la mujer, y horriblemente para Adi, las ramas se dispersaron en polvo gris, como si fuera una roca diminuta que era hecha trizas con facilidad - Pensé que ya había quedado claro, planta rarita - Como si nada, se quitó un mechón del rostro, relajada y regresando a su pose lujuriosa de siempre - La naturaleza no sirve contra mí. Una planta nunca podrá ganarme.

    En el interior del ser de la planta, el viejo espíritu apretó los dientes en molesta preocupación. Se veía en un aprieto, ya que todos sus ataques sin excepción utilizaban las fuerzas naturales, y él no podía atacar por su cuenta.


    - Solo... ¡si alcanzo a controlar toda la raíz del suelo...! - Se dijo a si mismo Adi mientras se tensaba, y algunas ramas parecían adentrarse en el suelo, en busca de algo.

    - ¡Ni creas que te daré tiempo! - Exclamó la mujer, extendiendo ahora su mano derecha hacia la planta - ¡Veneno, Aire! - Su mano expulsó un gas púrpura que se extendió a engullir a Adi.


    Raramente, la planta pareció tirarse hacia un lado, esquivando de esa forma el gas - ¡! Ohh, nada mal - La planta de Adi pareció crecer un par de tallos que ahora servían como piernas.

    - ¡Rrgh...! Es la primera vez que hago esto... Está resultando ser un desafío... - Pensó en el plano espiritual, al parecer abrumado en presión por la magia que ejercía solo con la asistencia natural de la planta.


    Del tallo central de Adi salieron unas ramas pequeñas que se enterraron en el suelo, moviéndose y moviéndose hasta que parecieron conectar con algo - Zarzas... ¡Ascendientes!

    Logrando conectar las raíces de la planta que controlaba con otras ramificaciones enterradas en el suelo, Adi logró extender su dominio natural, y a consecuencia, varias zarzas se elevaron agresivamente en forma de columna del suelo. Muchas de ellas salían por debajo de los pies de la sadida.

    - ¿¡Qué... es esto?! - Sonaba asustadiza Jane, mientras saltaba hacia atrás para evadir las zarzas que ascendían sin mucho aviso. Una rama ascendió detrás suyo, bloqueándole el movimiento y encima rasgando su espalda. Entonces giró y apoyando un segundo su mano en la columna, esta se pudrió y cayó inmóvil a un lado. Comenzó a correr entonces en la nueva dirección, pero las zarzas la rodearon - Son... demasiadas...

    - ¡Aprende el castigo de Sadida! - Los ojos de luz palpitaron, y las zarzas que ascendían tornaron su dirección y se precipitaron todas sobre la sadida, enterrándose agresivamente en el suelo tras pasar al lado de ella.


    Cuando las zarzas se retrajeron, se veía como el brazo derecho de Jane había sufrido unos cortes considerables, junto con algunas laceraciones en su pierna izquierda. Tirada al lado de ella, estaba la tela que antes era la muñeca - ¡Abominación...! ¿¡Cómo te atreves...?! - Alcanzó a decir en ciega furia, mientras parecía tener compliques para mantenerse de pie.

    Los ojos de luz parecían desfasarse, como si comenzaran a sufrir una interferencia - ¡Como pensé...! Esto me está forzando mucho... - Pensó Adi, después de lo que intentó ignorar ese hecho y enfocarse en Jane.


    - Créeme... La vas... a pagar... - El cuerpo de Jane se encorvó un poco hacia adelante, y sus cabellos morados cayeron en cascada por encima de su rostro.

    Toda su piel comenzó a desprender cual válvula abierta un gas, lenta y gradualmente. Era en su mayoría transparente, pero tenía cierto tono púrpura.


    - Potencia... Ex...humada - Pronunció su voz que se volvía ronca y entrecortada. Su piel obtuvo un ligero color grisáceo en medio de aquella manifestación mágica.

    - ¡¡!! - La planta se alteró, alzando su mirada hacia la mujer y dando un par de pasos hacia adelante - ¿¡A-...Acaso estás descomponiendo tu cuerpo?! - Exclamó la voz grave y de místico énfasis.

    - Jeje... Nada tan serio... Solo... lo suficiente... - Respondió entrecortado. Alzó por completo el cuerpo, y comenzó a correr hacia la planta, rodeada de aquella aura de gases tóxicos y dañinos - ¡¡SOPORTA ESTO, PEDAZO DE HIERBA!!


    - ¡TE DETENDRÉ AQUÍ, IMBÉCIL! - Respondió de vuelta la planta, con el tono de regaño de un abuelo. Las ramas que caían de la planta se afilaron y se extendieron hacia los lados, cual tentáculos naturales. Todos a la vez se cernieron a contrarrestar la embestida de Jane, buscando a perforarla de varias direcciones.


    Un humo cubrió la escena por unos segundos. Cuando se dispersó, se veía como todas las ramas de la planta habían caído muertas al suelo... excepto una que había perforado el estómago de la sadida, antes de hacerse polvo también. Mucho del tallo de la planta de Adi también estaba comenzando a adquirir el tono gris y decrépito producto de la descomposición.

    - Ji... jiji... Espero mueras... donde nadie te vea... - La mujer entonces comenzó a balancearse de lado a lado, hasta caer sin más a su izquierda.


    Tan rápido como pudo, Adi abandonó la planta, la cual cayó sin vida después al suelo. El espíritu ahora la veía de lejos, cual caparazón que dejó tirado tras terminar de usar - Disculpa... No pude mantenerte viva también - El viejo entonces se dejó caer al suelo en la paz del plano espiritual.


    Solo quedaba pendiente el porvenir de la batalla en la plaza, entre el espadachín albino y el inhumano leñador.



      Fecha y hora actual: Vie 24 Mar 2017, 10:54 am