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Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

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    [Solitario] Zarzas Damnificadas

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    Oathkeeper
    Yopuka - Rango 3 - Guerrero
    Yopuka - Rango 3 - Guerrero

    Mensajes : 244
    Fecha de inscripción : 07/12/2010
    Edad : 26
    Localización : Astrub

    Ficha
    Raza: Yopuka
    Primera habilidad: Espadachín de Yopuka
    Segunda habilidad: No Shinrei Gurē

    [Solitario] Zarzas Damnificadas

    Mensaje por Oathkeeper el Miér 22 Mayo 2013, 7:44 pm

    Spoiler:
    Off-Rol: El personaje viene de [Solitario] El Sendero de la Espada

    Caminaba entre los trechos de ramas y arbustos imperfectos, con su mirada cernida sobre el suelo, y su cabello espectral cubriendo su rostro de fría expresión.

    Nubes grises que cubrieron el abierto y vasto cielo se cernieron por encima de la cabeza del centro del mundo: Astrub y sus alrededores. Entre éstos estaba el bosque de los Abràknidos, habitado por los mágicos entes de la naturaleza.


    Su mente estaba engullida en un sereno flujo de reflexión. A la vez que daba cada paso en su caminar, otro pensar aparecía en su cabeza.

    En aquellos momentos, estaba pensando sobre ese suelo en el que estaba pisando. El bosque cubierto de maleza y mágica corrupción, siendo un extraño vecino de la ciudad de los mercenarios. Los aventureros primerizos se aseguraban de no entrar en esa oscura cúpula de hojas que es el Bosque Oscuro, más allá de donde estaba Oath.


    - ... Parece que este es el lugar - Se detuvo al lado de un árbol, palpándolo con su mano derecha vendada.

    Tras unos segundos silenciosos de inspeccionar el árbol con los ojos cerrados, finalmente habló.

    - ... ¿Por qué estás así..? - Preguntó el espiritista. Su voz sonaba tan neutra y calmada como siempre.

    Las ramas del árbol comenzaron a vibrar ligeramente. Continuó hasta el momento en el que dos ojos de luz se abrieron en el tronco del árbol - Tú... ¿Cómo supiste...? - Dijo una voz ronca y grave.

    - Ya sea un árbol, una nube, hasta un tallo del césped... Podré distinguir a un espíritu - Oath peinó con la mirada todo el árbol, con el entrecejo fruncido - ¿Acaso volviste al árbol tu nuevo cuerpo...?

    - ¡¡LÁRGATE FORASTERO!! - Todo el árbol tembló al rugir de la grave y mística voz. Las ramas del árbol se afilaron cual espinas y se cernieron sobre el espadachín.

    El yopuka se agacha para esquivar la primera zarza, y da un salto hacia su derecha para evadir la siguiente - .... - Se quedó en silencio, contemplando tras haber aterrizado al mágico árbol con una mortal mirada que carecía de aquellas emociones que todo ser comprende.

    - ¡ALGUIEN COMO TÚ NO MERECE ESTAR AQUÍ! ¡¡LARGO!! - Los ojos de luz emitieron una "palpitación" de energía, lo cual sirvió de orden para que las ramas de los árboles se extendieran violentamente de nuevo en dirección al espiritista.

    Paso por paso, fue esquivando las zarzas avecinantes con ágiles movimientos, moviendo su cuerpo de un lado a otro. Al estar a tres pasos del árbol, una raíz ascendió del pie del árbol, en dirección ascendente a cortar con su espina a Oath. Éste inclina la cabeza hacia atrás lo más rápido que pudo, causándole un leve corte en su barbilla como producto del roce de la raíz.

    - ... Pon fin a esto..! - Dijo Oath con un tono bajo de semejante ira. Dio los tres pasos restantes para llegar al árbol en un momento, e incrustó su mano con fuerza en la corteza del tronco, agrietando la zona alrededor del hueco que causó.


    Repentinamente, las zarzas se inmovilizaron, quedando suspendidas en sus posiciones.


    - ... Me sorprendes. ¿Cómo has podido unirte a un nuevo cuerpo cuando ya has muerto..? - Pronunció calmado en seriedad, con su mano todavía dentro del tronco.

    - ¡Urgghhh...! - Gemía la voz grave y mágica que venía del árbol. No podía pronunciar una palabra, era como si lo estuvieran ahorcando.


    Oath entonces extrae su mano del árbol, dejando un hueco en el tronco, pero esta vez estaba sujetando algo: el cuello de una silueta humanoide de color blanco-celeste. Un espíritu.

    - ¡S-Suéltame, malagradecido...! - Gruñía mientras apoyaba las manos sobre su cuello, intentando zafarse del aguante de Oath. Era inútil, ya que se podía ver a simple vista como su delgaducha figura no podía compararse a la abrumadora fuerza de la raza de los guerreros.

    - ¿Malagradecido...? Agradece que no intente cortar a cenizas tu alma por intentar matarme - Dijo con la mirada fruncida y los ojos clavados en el agonizante rostro del espíritu, a lo que todavía no había soltado su cuello - ¿Cómo es sentir el tacto de alguien nuevamente, espíritu?

    - ¡Q-QUE ME IMPORTA! - Gritó con la voz que pudo convocar - ¡SOLO... SUÉLTAME!


    La mano vendada de Oath finalmente cedió en libertad a la entidad invisible, dejándolo suspendido mientras dirigía sus manos transparentes a su cuello. En esos momentos se pudo ver su apariencia mejor.

    A juzgar por su melenuda piel de apariencia herbórea, pudo ser un Sadida, de baja estatura y cabeza pequeña. Tenía un matorral de hojas naranjas cubriéndolo desde su cintura hasta las rodillas. Tenía dos hombreras de una madera muy oscura y agrietada; sus manos estaban rodeadas de una rama como si funcionara como vendas. Su rostro estaba pintado con marcas tribales de color rojo, específicamente su entrecejo y en unas secciones de su barbilla.


    - ... Por qué me has atacado?

    Entre otros gruñidos de aguantada rabia, el espíritu tribal respondió - No confío en ustedes... ¡No hacen más que marchitar los bosques con su presencia! ¡Cortando y destruyendo de un lado a otro! - Se notaba ahora como su voz no era tan grave e imponente como sonaba cuando estaba en el árbol. Ahora sonaba más viejucho.

    - Un ermitaño... - Pensó mientras procesaba las palabras del alma errante - No he tenido la oportunidad de conocer a muchos sadidas... De hecho creo nunca haber hablado con uno - Dijo frío y calmado, más de acuerdo con su actitud normal. Hizo una pequeña reverencia con la cabeza al espíritu - Un honor. Mi nombre es Oathkeeper, espadachín.

    El espíritu se repuso de sus quejas de antes, producto del conflicto recién ocurrido; ahora poniéndose de pie, algo jorobado. Las ramas de sus manos comenzaron a moverse y a entrelazar una mano con otra, hasta finalmente formar un bastón muy primitivo con un matorral de hojas naranjas en su tope. El sadida se apoyó sobre él y finalmente pronunció palabra - ... Meh. Ni que hubiera preguntado - Dijo malhumorado.


    Oath volteó la cabeza a un lado, suspirando con lentitud - ... Haré entonces la pregunta - Volteó nuevamente el espíritu - Cómo... has podido enlazarte con ese árbol y controlarlo, estando muerto?

    - ¡Pues porque soy fiel a mi dios, forastero! ¡Sadida premia a los que quieran a la naturaleza! - Hizo un golpe con el bastón al suelo - ¡¡Yo siempre estaré unido a este bosque, aún estando muerto!!

    - Parece tenía razón... - Pensó otra vez, reflexionando en como esa apariencia tan primitiva se relacionaba en sus palabras - ... Si te identificas tanto con este bosque... ¿Cómo has conocido tu fin? - Preguntó sin rodeos y con cortante seriedad.


    En un fútil intento de desahogar su aparente rabia, el sadida corrió como pudo hacia Oath y fue a darle un golpe con su bastón en la cabeza - ¡¡Por los de tu clase, forastero urbano!! - El espadachín inclinó su cabeza hacia un lado, evadiendo el golpe de la anciana entidad invisible sin dificultad. Al poner los pies de nuevo en tierra, el viejo mostraba cierto agite en su etéreo aliento - Unos bastardos leñadores de tu tierra vinieron... ¡se atrevieron a desecretar al bosque con sus infernales hachas! - Exclamaba en maldiciones el espíritu. Parecía que cualquier palabra que el yopuka dijera en aquellos momentos iría a parar a oídos sordos.


    - Hm... Si lo que dice es cierto... - Pensó a la vez que inclinaba la mirada al suelo y se cruzaba de brazos - Los abráknidos no son criaturas que cualquiera pueda derrotar fácilmente... ¿Quiénes habrán sido esos leñadores...? - Se murmuró, volteando de reojo a sus alrededores.


    Parecía que el silencio se extendió por minutos y horas, camuflados en la variedad de enredaderas del bosque. En verdad, solo pasaron unos cuantos segundos.

    - ... No apoyo particularmente a la venganza, no es más que otro sentimiento que nubla nuestro juicio - Dijo con su misma pose de antes, a lo que el anciano chamán volteó - Pero, si realmente ansías la posibilidad de verte con ellos de nuevo, solo te ofreceré la oportunidad de que lo intentes.

    - ¡Hrg..! ¿¡Acaso te burlas de mí, forastero!? - Volteó bruscamente para ver de frente a Oath - No sé como me podrás ver, pero sé mejor que pensar que puedes hacer milagros!


    El espiritista cerró los ojos, al ritmo de una leve brisa que ondeó las hojas de los árboles y sus túnicas oscuras. El aura proveniente de la gema de su espada, Infinite Soul, se intensificó repentinamente, resaltando de su espalda.

    - Tch... ¿Qué intent... - La voz del anciano se cortó de repente, a lo que volteó hacia sus pies y contempló algo nunca sentido.

    Cual barrido de polvo, su cuerpo blanquecino comenzó a materializarse en el plano de los mortales. Ahora reflejaba una sombra a causa de la luz de la luna, y podía sentir el golpe del viento. En cuestión de segundos, se encontraba pisando de verdad el mundo del que se había alejado.

    El rostro de Oath mostraba cierta incomodidad ahora, con una gota de sudor asomándose por el costado de su cara, y comenzando a respirar agitadamente.

    - ¡¿Pero qué...?! - El anciano tribal quedó perplejo, contemplando sus manos que ahora eran menos transparentes. El viento rebotaba de sus manos, y ahora estaba pisando el césped salvaje del bosque viviente.

    - Es la primera vez que hago esto... - Pensó para sus adentros el espiritista, mientras intentaba tranquilizar su respirar. La presión que le ejercía aquella tarea era más fuerte de lo que se esperaba al principio.


    Repentinamente, el cuerpo del espíritu se volvió transparente de nuevo, regresando a sus propiedades originales.

    - ... Que eso sirva de prueba - Sentenció el yopuka albino, recuperando su fineza de antes. Se dio la vuelta y comenzó a caminar lejos de aquel lugar.

    El anciano, tras verlo por detrás, atónito, decidió seguirlo. Caminaba a paso lento, apoyándose de su bastón; acción que era curiosa ya que podía flotar tras de él. Tal vez era una señal de que había recuperado algo del sentir de la vida.



      Fecha y hora actual: Jue 27 Abr 2017, 5:48 pm