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Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

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    [Solitario] La resolución del hombre manchado

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    Dirien
    Sacrógrito - Rango 5 - Caballero de Amakna
    Sacrógrito - Rango 5 - Caballero de Amakna

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    Fecha de inscripción : 12/10/2010
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    Localización : Desconocida.

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    Raza: Sacrógrito
    Primera habilidad: Demoncry Mode
    Segunda habilidad: Kazeshini

    [Solitario] La resolución del hombre manchado

    Mensaje por Dirien el Vie 29 Mar 2013, 7:33 pm

    Spoiler:

    Spoiler:



    El día anterior había sido agotador. Y el anterior. Y el otro. Últimamente no tenía fuerzas para nada, y de ahí que no se levantara de la cama.

    Hacía dos días que había sucedido el incidente del campo del descanso, donde había visto a Fujur por última vez. Le había enseñado la tumba de Rin, alejada de las demás en medio del bosque, hermosamente tallada y adornada con flores.

    -Aquí está su tumba como miembro de los Dezhert, pero sus restos descansan en Bonta, con su familia. –había dicho el malherido Fujur.
    -Es lo mejor. –era lo único que pudo decir.



    No había perdonado a Fujur. Nunca lo haría. Sin embargo, no lo odiaba. Había comprendido los motivos que lo habían llevado a actuar, y eso lo tranquilizaba en parte. Seguía detestando a ese hombre con todas sus fuerzas, pero tras hacérselo pagar habían quedado en paz.


    -Sobre el asesino de Rin… Ya ha pagado su castigo. Ha sido ejecutado y no será honrado después de su muerte.-aquello había dicho Fujur, pero no era suficiente para Dirien.


    Nada lo era.
    Nada era suficiente para reemplazar el vacío de Rinoha. Nunca sería suficiente.
    No importaba cuántos Dezhert matara, cuánto maldijera al mundo y a sí mismo. Ella no regresaría.
    Así pues, no iba a seguir con una venganza que ya se había cumplido. Solo lo devolvería a una espiral de muerte y autodestrucción que su difunta esposa no habría aprobado.
    Suspiró con la mirada fija en el techo de madera vieja. Solo tenía ganas de dormir. Dormir y dejar aquella realidad atrás, deseando no despertar nunca.



    La cama no era especialmente cómoda, pero estaba en buen estado. Tras abandonar el sur del continente, decidió que quería estar alejado de todo y de todos por un tiempo, así que él y su dragopavo se perdieron en las llanuras de Cania.

    Lo único que había acudido a su mente era la casa de los Demoncry, una modesta granja abandonada hasta hacía unos años, cuando él, después de regresar de su viaje, había contratado a un matrimonio de granjeros que vivían a solo unos kilómetros para que se encargaran del mantenimiento del lugar.

    Así pues, cuando regresó a la vieja casa de madera construida en medio de la nada por sus padres décadas atrás, se encontró con que solo había algo de polvo y que la madera vieja estaba en buen estado.

    Apenas tenía bártulos, así que no necesitó espacio. Se acomodó en su antiguo cuarto y se dedicó a dormir a todas horas. Con suerte y la ayuda de Awa, su brazo roto sanaría en un par de días más, y solo necesitaba reposo.

    Suspiró de nuevo, contemplando el techo y reparando en que la araña no estaba. La pequeña había estado ocupándose de la casa todo el tiempo gracias a la maldición Nightmare, que la mantenía en forma humana mientras él estuviera atento de re-hechizarla.




    La puerta de madera rechinó cuando fue abierta. Dirien se incorporó quedando sentado y contempló a la pequeña. La chica usaba un vestido negro sencillo, que le llegaba a la altura de las rodillas, y el cabello era largo hasta la cintura, negro, lacio y hermoso.

    Dirien no había querido darse cuenta, pero el hecho de que Awa estaba cambiando era tan evidente que no podía ser negado.

    La que hacía unos meses era una niña pequeña, había ido madurando a medida que recibía la influencia mágica del sacrógrito. Dirien era incapaz de entender cómo funcionaba, pero lo que era obvio es que la que antaño era una niña pequeña ahora era toda una mujer. Tendría la misma edad que el sacrógrito y un físico que ni a él le pasaría desapercibido, pero en alma no había cambiado, y aquello era lo único que convencía al sacrógrito de que Awa seguía siendo su araña.


    -Oh, Awa… ¿Sucede algo?

    La chica-araña negó, acercándose con paso titubeante a la cama y mirándolo desde arriba. Tenían confianza, puesto que prácticamente llevaban una vida juntos, así que ninguno de los dos necesitaba mantener las apariencias con el otro.

    Dirien había probado una vez usar el hechizo Nightmare sobre ella, pretendiendo convertirla en un monstruo de batalla que lo ayudara a pelear, pero el resultado fue tan distinto que resultó incluso decepcionante.
    Sin embargo de aquello hacía ya meses, y le había cogido cariño a la nueva apariencia de Awa.

    La chica se sentó al borde de la cama y miró al sacrógrito de reojo, tímidamente.

    Era normal después de todo.

    Dirien estaba pasando por un mal momento, y Awa era la única compañía que tenía. Pese a eso, él rara vez hablaba, comía poco y se pasaba el día durmiendo. ¿Cómo no iba a estar preocupada la pequeña?

    La chica negó con la cabeza y se puso de rodillas en la cama, frente al sacrógrito, que la miraba con curiosidad.

    -¿De verdad que estás bien?

    Sin que ella llegara a responder, la chica se quitó el vestido negro y lo arrojó a los pies de la cama, quedando desnuda frente a él. Su piel, blanca como la porcelana, tenía un brillo especial a la luz de la luna que se filtraba a través de la ventana de la habitación.

    …Definitivamente se había convertido en una mujer. Si alguna vez lo había dudado aquellos últimos días, Dirien estuvo seguro en aquel instante.

    Sin embargo, reaccionó de una manera que ella no esperaba.

    -¿¡S-Se puede saber qué estás haciendo!? –dijo Dirien, retrocediendo en la cama hasta darse contra la pared, cubriéndose los ojos ante el ataque sorpresivamente revelador de la chica araña.

    -¿No te gusta…?-el tono de Awa era triste. Suplicante. Ella se mordió el labio, sonrojada y desviando la mirada- S-Sé que no soy atractiva porque ni siquiera soy humana…pero…


    Dirien alzó la mirada, mirándola a los ojos.

    << No te atrevas. >>

    -Diri-sama…está tan triste que… Yo…

    << No lo hagas. >>

    -Le he visto hacer “eso” antes… Y cuando acaba siempre está muy feliz… Así que pensé que tal vez yo podría animarlo…

    << …Idiota. >>

    El rubor de la chica araña se extendió por todo su rostro, y abrió los tres ojos con sorpresa cuando él la abrazó. La abrazó con fuerza, estrechándola contra él, sin importarle cualquier queja que ella pudiera proferir.

    -…Grandísima idiota…-murmuró él, incapaz de contener las lágrimas.

    -Diri-sama, yo…yo…-ella no pudo soportarlo más, abrazándolo con fuerza mientras lloraba ocultando su rostro en el cuello de él.

    -No digas nada... Ya lo sé. –no podía soltarla. Sabía que si la soltaba, una parte de él moriría. Y no quería deshacerse de aquel sentimiento.

    Ambos permanecieron abrazados, sintiendo la calidez del otro, durante toda la noche. Una noche fría en Cania, donde los corazones debían latir uno cerca del otro si querían seguir adelante.

    Porque la vida seguía adelante. El frío se iría y el sol saldría, y la vida seguiría adelante. Por aquel motivo… No podía permitirse el lujo de dejar de abrazarla.
    No sabía cómo, ni porqué. Pero lo sabía. Su corazón dejaría de latir si pasaba aquella noche solo, a merced del frío.

    << Pero no estoy solo… Nunca lo he estado. He sido un estúpido por olvidarlo.>>

      Fecha y hora actual: Mar 17 Oct 2017, 2:49 am