Conectarse

Recuperar mi contraseña

Facebook

Información.

Año: 640
Mes:
Augusto
Época:
Primavera.

~General~
Paz General. La última crisis, causada por Servant el Demonio, fué resuelta gracias al valor de esos ebrios en los que nadie creyó cuando partieron de Amakna.

~Astrub~
El acceso vuelve a estar disponible para la ciudad, y a toda persona que entre se le regala una buena cerveza, cortesía del buen Tek.
Estado actual: Reconstrucción calmada de los daños recibidos en la ciudad. Los habitantes canturrean alegremente y se ponen al día con los sucesos.

~Amakna~
Paz general.
Estado Actual: Los tiempos de cosecha se acercan por los pastizales, y a buena hora, pues las personas ansían comer un tazón de avena sin temer que un Demonio lunático les robe el Alma.

~Bonta~
Paz general. Las obras han acabado y Bonta vuelve a estar totalmente operativa.
Estado Actual: Los ciudadanos ya caminan calmadamente sus calles, y el comercio se reanuda con gran fuerza. La temporada de Jalabol comienza y los equipos se preparan para los torneos.

~Brakmar~
Reparaciones, todo habitante con brazos y piernas ilesas debe colaborar con la reconstrucción de Brakmar. Quién se niegue recibe un latigazo y un envío a los calabozos, que han quedado intactos.
Estado Actual: Las personas regresan a la ciudad tras haber sido evacuadas. Muchos admiran la hermosa decoración que el Demonio dejó en el centro. Se oye gritar al líder de las tropas Brakmarianos todos los días, sin alegría alguna.

Mejores posteadores


    [Solitario] El viaje del hombre manchado

    Comparte
    avatar
    Dirien
    Sacrógrito - Rango 5 - Caballero de Amakna
    Sacrógrito - Rango 5 - Caballero de Amakna

    Mensajes : 440
    Fecha de inscripción : 12/10/2010
    Edad : 26
    Localización : Desconocida.

    Ficha
    Raza: Sacrógrito
    Primera habilidad: Demoncry Mode
    Segunda habilidad: Kazeshini

    [Solitario] El viaje del hombre manchado

    Mensaje por Dirien el Vie 29 Mar 2013, 10:49 am

    Rin estaba frente a él, envuelta en aquella capa roja, como la última vez que la vio.
    Le sonrió gentilmente mientras le acariciaba la mejilla, y él la abrazó con fuerza, estrechándola entre sus brazos.
    No podía contener las lágrimas cuanto más la estrechaba contra ella. Su calidez era tan real que…

    Que…

    Que……………………………………………………


    Abrió los ojos, despertando de aquel sueño.

    Se llevó la mano al rostro, avergonzado. Awa, en forma humana, estaba sentada sobre él, con las manos apoyadas en su pecho desnudo. La cabellera negra de la chica le caía sobre los hombros, cubriendo su desnudez, mientras la chica mascota ladeaba la cabeza mirándolo con preocupación.

    Le acarició el pecho con suavidad y ternura, como si él fuera una flor delicada que en cualquier momento perdería sus pétalos.

    -Diri… ¿Estabas teniendo una pesadilla…?

    El sacrógrito no pudo evitar sonreír ante la ternura de la pequeña, que no aparentaría más de dieciséis años. Sin embargo no era humana, y el tercer ojo de su frente lo revelaba, por muy cerrado y oculto que lo tuviera bajo el flequillo.

    -Lo siento…No quería preocuparte. –extendió la mano, acariciándole la mejilla a la muchacha, que entrecerró los ojos disfrutando del cálido contacto.

    -Cuando Diri tiene pesadillas… La habitación se estremece. –la pequeña tomó la mano del sacrógrito, ennegrecida, y la besó con dulzura- De debajo de la cama se asoman sombras monstruosas…y reptan por las paredes… -la pequeña cerró los ojos, asustada ante el recuerdo, y se dejó caer encima de su amo, abrazándolo con fuerza y ocultando el rostro en el cuello de Dirien- Da miedo…


    << Así que ha sido eso. Nightmare fluye a través de mí libremente cuando tengo pesadillas ahora que mi cuerpo está inestable… Awa debe de haber sido tocada por esas sombras y por eso ha acabado así… >>


    -Ya pasó, todo está bien. –acarició la cabeza a la pequeña mientras ésta se estrechaba contra él, temblando débilmente.

    Había pasado un día desde la ceremonia en el castillo, y nada más dejar aquel lugar fue al banco a ingresar la recompensa. Había sido un ingreso tan brutal que le habían hecho una oferta, y le habían ofrecido varios packs bancarios, y había escogido el de una noche gratis en el hostal próximo. No había hecho nada para agotarse, pero sin embargo estaba tan exhausto que se había dormido nada más tumbarse.


    De pronto.
    Su vista se fijó en el fondo de la habitación de hostal. En la puerta, clavado con una daga, había un pergamino.
    Estaba tumbado, pero desde la cama podía ver claramente el sello del pergamino. Un sol negro.

    …Los Dezhert.


    ___________________________________________________

    Spoiler:
    All the Evil in the world



    Hacía medio día que había encontrado la nota en aquella habitación de taberna. A lomos del dragopavo regalado por Allister, el nuevo caballero amakneano partía hacia el lugar indicado por la nota.

    “Los Dezhert somos una organización secreta que vela por el bien de los reinos del Mundo de los Doce. Como Líder de la expedición que derrotó al demoníaco Servant, nos gustaría agradecerte personalmente tus esfuerzos y hacerte una proposición.

    Fdo. Fujur”


    Era una trampa. Lo sabía. Era una trampa obvia. ¿Quién trata de matarte y luego te invita a charlar?
    Un imbécil… O alguien que pretende volver a intentar matarte.
    Así pues, había decidido aceptar la invitación.

    “La puesta de sol en el campo del descanso, id solo”

    Iba solo, era cierto. Con Awa en el hombro, de nuevo siendo una araña, y el estuche de Black Bennu en la espalda. Era lo único que necesitaba.

    El sol se ponía tras las montañas cuando llegó al lugar indicado. La bruma empezaba a alzarse, y el terreno se hacía inestable por la cantidad de lápidas desordenadas que se amontonaban en aquel lugar. Desmontó del animal y le dio unas palmadas en el cuello antes de enviarlo de regreso al hostal.

    Caminó entre la bruma que le cubría hasta las rodillas, decidido. A medida que el sol se ocultaba, las mariposas empezaron a emerger de la nada. No sabía cómo habían aparecido ni de dónde venían, pero sabía que eran suyas. Eran él mismo. La materialización de aquella pesadilla donde Rinoha se escapaba de sus brazos.
    Revoloteaban a su alrededor, negras como la noche y hermosas como el sueño del que habían surgido. Un sueño que se había convertido en una pesadilla.



    Justo cuando estaba distraído viéndolas pulular a su alrededor creando aquel aura mística y hermosa, escuchó su voz.

    -Sois un saco de sorpresas, Sir Demoncry. ¿Sois Sir ahora, me equivoco? –una voz masculina, joven y cargada de confianza. Su tono estaba a medio camino entre la alabanza y la burla. Lo conocía bien, pese a solo haberlo oído dos veces en su vida.

    Dirien se giró lentamente, sintiendo cómo su corazón realentizaba sus pulsaciones en el momento en el que sus ojos bicolores se cruzaban con los ojos azul verdoso del hombre rubio.

    Estaba envuelto en su capa roja, con la larga coleta cayendo sobre el hombro y la mano enguantada sobre el pomo de aquella vieja espada que había probado su sangre en más de una ocasión.

    -…Fujur. –se limitó a decir. No necesitaba palabras para expresarse, su mirada lo decía todo.
    -¡Whoa! –el hombre, no mayor que Dirien, sonrió- No esperaba que recordaseis mi nombre.


    ____________________________________________________



    -No es difícil recordar el nombre del hombre que te ha arruinado la vida. –el tono del sacrógrito era sorprendentemente tranquilo incluso para él mismo.
    Las mariposas negras seguían revoloteando a su alrededor.

    -La primera vez que os vi…-el muchacho empezó a andar, lleno de confianza, en pos del sacrógrito- Erais pura voluntad. Un hombre lleno de deseos pero carente de la fuerza necesaria para hacerlos realidad.

    Dirien apretó la mandíbula, tenso a medida que el líder de los Dezhert se le aproximaba.

    -La segunda vez que os vi me disteis una grata sorpresa. En menos de un mes os habíais vuelto un hombre capaz de hacer realidad vuestros deseos, y eso me asustó. –la sonrisa del hombre rubio estaba grabada a fuego en el cerebro del sacrógrito. Una sonrisa que desafiaba la realidad y el conocimiento de Dirien.
    - Y la tercera vez que oigo de vos… Me entero de que lográis luchar mano a mano contra Servant, miembro de la tríada de demonios más poderosos que hayan pisado estas tierras, sin tener en cuenta al Maligno y a su sirviente.


    Fujur hizo una pausa. Los separaban cinco metros, y las mariposas seguían bailando en el aire frente a Dirien. El hombre rubio miró al manchado directamente a los ojos, escrutando su alma.

    -Me dais miedo, Sir Demoncry. En menos de dos meses os habéis convertido en alguien extremadamente poderoso. Pasasteis de ser alguien incapaz de ver venir su muerte a alguien que es capaz de salvar el mundo con sus propias manos. –frunció levemente el ceño, imitando la expresión de Dirien- Nadie mejora así de rápido. Nadie.


    -¿Y qué queréis de mí? –Dirien formuló la pregunta que llevaba taladrándole el cerebro desde que había encontrado la nota aquella mañana- ¿Vais a eliminarme porque os doy miedo? ¿Por qué he superado vuestras expectativas y resulto una amenaza? ¿Es eso?

    El osamodas rubio sonrió y empezó a reír. Primero levemente, después sin contenerse empezó a reírse a carcajadas.
    Las mariposas seguían revoloteando en medio de la bruma. Negras como el humor de su invocador.

    _________________________________________

    -Os tengo miedo, es cierto…-todavía reía, pero ahora con menos intensidad, forzándose a serenarse- Pero no más miedo que al resto de mis subordinados. –ahora hablaba completamente sereno, serio- Tengo miedo a vuestro progreso, no a vuestra fuerza. Tengo miedo de que hayáis adquirido una fuerza monstruosa en tan poco tiempo. Tengo miedo de lo que os mueve a alcanzar semejante nivel de poder.

    Ahora quien sonreía era Dirien. No era para menos.

    -Oh… ¿No podéis adivinarlo? Creo que salió a la luz en nuestro último encuentro.


    -"...No tener nada que perder es lo que marca la diferencia entre un hombre que pelea con todo lo que tiene y un hombre muerto.”-Fujur citó al sacrógrito manchado sin problemas y con una expresión serena en el rostro.

    -Veo que lo recordáis. Bien. –las mariposas comenzaron a arremolinarse alrededor de Dirien, supliéndole de maná.

    Fujur lo miró y frunció el ceño, esperando mejor explicación.

    -Cuando arrebatas a un hombre todo lo que tiene en esta vida, este hombre ya no tendrá nada que perder. He ido de batalla en batalla sin descanso. He estado al borde de la muerte tantas veces que soy incapaz de contarlas. ¿Sabéis por qué? Porque ya no quedaba nada para mí en este mundo. No tenía una razón de existir, nada que me mantuviera vivo y me hiciera regresar sano y salvo a casa.


    El viento recorrió el cementerio, limpiándolo de bruma en apenas un instante. Fujur retrocedió un paso.


    -Vos fuisteis quien me lo arrebatasteis todo. He tratado de acabar con mi vida tantas veces y he afrontado tantas veces a la muerte desde que me lo arrebatasteis todo que solo me quedaba seguir adelante.

    >> Despertarme cada mañana preguntándome por qué seguía vivo si ella no estaba a mi lado es la peor tortura que he sufrido nunca…

    >> Quemaba más que el acero al rojo vivo, me desgarraba más de lo que ha conseguido cualquiera de mis enemigos, y ha convertido mi vida en una pesadilla. Una pesadilla sin fin, sin salvación al final. Mi muerte nunca llegaba, la justicia se desvanecía entre mis manos como granos de arena y los placeres que podía ofrecerme la existencia se convertían en cenizas en mis labios.


    Dirien dio un paso adelante. Su voz estaba cargada de odio, ira y rencor. Sentimientos que emanaban de su ser con tal intensidad que eran casi palpables, convertidos en un instinto asesino gélido y sereno, que llenaba el aire de oscuridad.

    -Buscaba la muerte y no la encontraba. La justicia era un espejismo ante mí. No había salvación para alguien como yo. No hay salvación para un hombre al que se lo han arrebatado todo. No hay redención para un hombre que vive una pesadilla eterna.

    Dirien se cubrió el rostro con la mano ennegrecida mientras su expresión serena se convertía en una mueca contraída, una sonrisa casi macabra por un chiste tan gracioso que lo hacía desear morir de risa.

    -¿Por qué me he vuelto fuerte? No me vengas con mierdas como esa. La fuerza que has podido presenciar solo es una consecuencia de tus propios actos. Tú, que me lo has arrebatado todo…Me has empujado a esta vida de pesadilla. Tú me has convertido en lo que soy. Sin esperanza en el futuro, sin un presente que vivir y con un pasado doloroso… Solo me quedaban dos opciones en esta vida.

    Dirien extendió los brazos y una onda de choque golpeó todo el cementerio, cortando las lápidas que lo rodeaban en un radio de veinte metros en una brutal demostración de fuerza.

    ___________________________________________________

    Spoiler:
    http://www.youtube.com/watch?v=Q7SJ8nCbPSk

    -Ser engullido por la pesadilla o hacerla mía y usarla para acabar contigo. Ese es el motivo por el cual estoy aquí. Ese es el motivo por el cual morirás en mis manos.

    Fujur retrocedió otro paso más, mordiéndose el labio. Solo en aquel momento se había dado cuenta de que sus métodos habían sido los incorrectos desde el principio. No debería de haber actuado así, tomando a la ligera las vidas de las personas para cumplir un objetivo mayor.
    No… el fin no justificaba los medios.
    No si los medios creaban monstruos como el que tenía delante.

    “El mundo es nuestro en retribución por protegerlo. Protegemos a las personas, a los animales y a las plantas. Lo protegemos todo. Por eso, tenemos derecho sobre todo en este mundo con tal de protegerlo”

    Aquello se había dicho cuando le hicieron líder de la organización. Sin embargo…

    “¿Quién los protege de nosotros?”

    Nadie había pensado en ello. Nadie se había planteado siquiera que sus acciones, pese a servir a un fin mayor, comportasen también un peligro para los habitantes del Mundo, y que estos salían mal parados.

    Mientras la bruma que cubría su mente lo distraía, el osamodas no vio venir aquello.

    Una tormenta negra se cernió sobre él.

    Dirien se había deshecho de su gabardina y sus pesadas botas y lo atacaba aprovechando su distracción. Fujur, quien siempre había presumido de reflejos, se vio de pronto abrumado.

    Solo tuvo tiempo de desenfundar su espada cuando la tormenta se lo tragó.
    Dirien empuñaba una espada negra que Fujur jamás había visto y la movía a una velocidad que hacía que la palabra “sobrehumano” sonara infantil.

    Doce, trece, catorce….

    La espada se movía sin cesar, haciendo retroceder al Dezhert. Ni siquiera había tiempo entre embestida y embestida. Era una tormenta de relámpagos negros que se cernían sobre él, esperando golpear en todos sus puntos vitales, mientras él se dedicaba a cubrirse con la espada como podía.

    Veintisiete, veintiocho, veintinueve…

    Los brazos de Fujur le dolían cada vez más. Frente a él tenía un demonio encarnado en la piel de un hombre. No había otra explicación.

    Cuareintaidós, cuarentaitrés, cuarentaicuatro…

    -Ghh…! –Fujur gruñó al tiempo que detenía como podía los rayos de la tormenta negra.

    Nunca le habían hecho retroceder de aquella manera. Dirien Demoncry le estaba golpeando con todas sus fuerzas a una velocidad que destrozaría los músculos de cualquier hombre sin detenerse, haciéndolo retroceder metro tras metro, golpe tras golpe, con una furia y una brutalidad impensables.

    -G-Ghargh!!-Fujur trató de contraatacar, inclinándose hacia delante haciendo que su espada persiguiera la espada negra del sacrógrito cuando acababa de golpearlo.

    El resultado lo hizo ver visiones.
    La estocada de Fujur fue llevada a cabo, apuntando al pecho del sacrógrito. Pero cuando debía golpearle, ya no había nadie allí.

    -La amenazaste.

    La voz provenía de detrás del osamodas. Sus reflejos le ayudaron a girarse a tiempo para detener otro sablazo oscuro. Frente a él, el sacrógrito tenía una expresión serena, lejos de encajar con la violencia e ira de sus golpes.

    -La separaste de mí.

    Otro golpe, más poderoso que el anterior, que hizo que Fujur retrocediera de nuevo, abrumado. En el cuello del Demoncry había una araña, que le inoculaba veneno mordiéndolo.

    -Convertiste nuestras vidas en un infierno.

    Otro golpe, aun más fuerte siquiera que el anterior. La espada negra de Dirien explotó en miles de fragmentos negros que tras un fogonazo negro se desvanecieron en el aire.

    ¿Por qué era incapaz de contraatacar? ¿Por qué no podía luchar apropiadamente?

    -La amenazaste. –otra espada negra había aparecido en las manos de Dirien, y éste volvía a hostigarlo.

    Sesenta, sesentaiuno, sesentaidós, sesentaitrés…

    -La separaste de mí.

    Ochenta, ochentaiuno, ochentaidós…

    -Convertiste nuestras vidas en un infierno.

    Fujur lo tenía claro ahora. Su adversario había renegado de su humanidad para hacerle frente. Era lo único que tenía sentido. ¿Cómo si no…?

    -La amenazaste.

    Noventaiocho, noventainueve…

    -La separaste de mí.

    Fujur tropezó, con los brazos inutilizados por el dolor. Dirien no era tan fuerte como para inutilizarle los brazos, pero lo había golpeado ya más de cien veces sin descanso, con una furia y un frenesí monstruosos. Tenía un esguince en el hombro derecho, y no sentía nada de los codos para abajo.

    Su fuerza de voluntad era lo único que le mantenía unido a su espada, y sus reflejos innatos lo protegían de la muerte, que venía a buscarlo y se acercaba un poco más cada vez que el sacrógrito manchado daba un paso adelante y él retrocedía, mientras los espadazos llovían sobre el osamodas.

    -Convertiste nuestras vidas en un infierno.

    Ciento veinte, ciento veintinuno, cientoveintidós…

    No se iba a detener. No iba a hacerlo hasta que acertase. Ya estaba determinado. Fujur no podía ganar así. No en aquellas circunstancias, no contra ese hombre al que excedía en poder pero que seguía abrumándolo.

    -La amenazaste.

    Su espada volvió a estallar en fuego negro, pero cuando Fujur creyó que aquello era una obertura, otra espada negra había aparecido en las manos del sacrógrito y ya descendía buscando el cuello del osamodas.

    -La separaste de mí.

    Fujur había perdido la noción del tiempo a medida que la sensibilidad abandonaba su cuerpo. No sentía los brazos al completo, y empezaba a fatigarse enormemente.

    -Convertiste nuestras vidas en un infierno.

    Doscientos golpes consecutivos. Aquel hombre no iba a detenerse. No iba a hacerlo, y Fujur no podía detenerlo. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¡¿¿Por qué??!!

    -La amenazaste.

    ¡¿¡¿POR QUÉ?!?!

    -La separaste de mí.

    ¿¿¿¡¡¡POR QUÉ!!!???

    -Convertiste nuestra vida en un infierno.

    _________________________________________________


    No podía ser posible. Aquello no estaba pasando. ¿Por qué era incapaz de moverse? ¿Era su velocidad? ¿Eran sus aterradores ojos? ¿Era su voz, gélida y serena, la que le recordaba a la voz de la mismísima muerte? No. Si había algo que lo paralizaba era algo más que eso…

    Era saber que era su culpa. No había actuado apropiadamente, había jugado con los sentimientos y las vidas de las personas, y aquel era su castigo. Había creado un monstruo que iba a devorarlo y todo para nada.

    Porque el verdadero motivo por el que lo había llamado…

    -Fear. Melancolía. Kamikaze.

    La mente de Fujur regresó al combate, percatándose de que el ritmo de su enemigo se había reducido. Aprovechando la apertura, dejó que su magia llenara su espada y la blandió con fuerza para rebanarle el cuello.

    La espada de Fujur era una aleación de acero y piedra de alma, un catalizador mágico excepcional al que si le imbuías magia era capaz de proyectarla y volverla más cortante que el acero. Un solo golpe de aquella espada podía derrotar con facilidad monstruos colosales, y no había material que pudiera soportar aquel golpe.
    Fujur blandió su espada, la “espada de la muerte prometida”, buscando el cuello de su enemigo. Dirien era veloz, pero Fujur no se quedaba en absoluto atrás, y quedaba claro quién de los dos tenía mejores reflejos. A aquella distancia, nada podría salvar al sacrógrito de su muerte.
    Y fue la Nada lo que lo detuvo. Fujur contempló perplejo cómo su filo era detenido en el aire. Dirien, empuñando una espada hecha de aire, había detenido el golpe mientras el osamodas alcanzaba a escuchar cómo los huesos del sacrógrito se partían ante la presión. Sin embargo no fue suficiente para detener al furioso Demoncry.

    Dirien, todavía deteniendo la espada de Fujur con Fear, dio un salto hacia delante impidiéndole a Fujur cubrirse con su espada y ensartándole la espada negra en el pecho.
    En el momento en el que Fujur probó el mordisco gélido de la espada negra en su esternón, el sacrógrito la liberó. Liberó la magia negra que había acumulado en el filo oscuro de Nightmare, un Melancolía arrojado desde el interior del cuerpo del osamodas.
    Mientras la llamarada negra le consumía la caja torácica y salía por su espalda, el último movimiento de Dirien tuvo lugar.
    El aire se volvió sólido en torno a Fujur, y dos profundos cortes aparecieron en sus axilas, amputándole los tendones y convirtiendo sus brazos en sangrantes trozos de carne inservibles.

    Todo aquello en menos de tres segundos.

    Dirien cayó hacia atrás al mismo tiempo que el osamodas. Pero ninguno de los dos tocó el suelo. Dirien trastabilleó y mantuvo el equilibrio por los pelos.
    Jadeaba ferozmente, con todo el cuerpo ardiendo. Tenía varios músculos desgarrados, y todo el brazo izquierdo roto por culpa del golpe de Fujur. Se limitó a contemplar al osamodas con fiereza, mientras con el brazo sano se apretaba el brazo izquierdo, que colgaba muerto junto a su cuerpo.

    Por su parte, Fujur lo tuvo más difícil. Tenía el pecho intacto, pero su espalda estaba al descubierto. No había piel en su espalda, ni costillas, que habían sido volatilizadas por el Melancolía. Estaba arqueado hacia atrás, con las rodillas flexionadas y los brazos colgando, muertos, en una postura bizarra y macabra, manchando el suelo con cada segundo que pasaba.
    Fujur había protegido sus órganos internos con magia, y aquello lo había salvado. Sin embargo, iba a morir igualmente solo por el hecho de haber recibido semejante golpe.

    De pronto, algo inesperado sucede. La sangre del suelo cobra vida y empieza a ascender, regresando al cuerpo del osamodas y empezando a cerrar parte de la herida. Con aquella ayuda, la propia super regeneración del osamodas podría tener una oportunidad de sanarlo.

    Fujur se desplomó en el suelo, incapaz de mantenerse consciente por más tiempo, dejándoselo todo a manos de su magia restauradora.
    Ahora estaba claro. No podía corresponder a sus ataques por algo tan simple…

    << Estoy demasiado arrepentido como para negarle mi muerte >>

    __________________________________________________

    Spoiler:
    http://www.youtube.com/watch?v=3L1DEvzsftw



    Dirien contemplaba al osamodas a quien estaba aplicando Resurrección sentado en el suelo cuando éste recuperó la conciencia.

    -¿P-por qué…?-tosió el moribundo.
    -Eres…La única persona que sabe dónde está mi esposa… No te dejaré morir así como así, hijo de la grandísima puta. –jadeó Dirien, todavía falto de aire, mientras el hechizo Resurrección le sanaba las heridas al osamodas.






    Habían pasado varias horas, y era pasada la medianoche. El lugar, antaño un camposanto, estaba ahora repleto de cascotes y ruinas, y la sangre empapaba el suelo. Sin embargo, el aire estaba repleto de mariposas negras que revoloteaban por todo el lugar, dando un aire mágico a la escena.

    Dirien permanecía en silencio, con la mirada perdida en el cielo, contemplando las mariposas. Fujur, tumbado en el suelo y con gran parte de sus heridas curada, no pudo contenerse más y se derrumbó.

    Su llanto era apenas perceptible, mientras se cubría el rostro con las manos ensangrentadas, pero Dirien no necesitaba mirarlo para saber que su lágrimas eran de impotencia.

    Dirien no estaba triste. Tampoco seguía enfadado. Su ira, rencor y odio habían desaparecido con la muerte del osamodas, y ahora solo sentía el vacío que habían dejado estas emociones en su corazón.

    Devolver a la vida al Dezhert no había sido un acto de compasión, sino un oasis de raciocinio en medio de la tempestad de sentimientos que había sido Dirien horas atrás, durante la pelea. Si lo dejaba morir dejaría marcharse a la única pista que tenía sobre el paradero de su esposa.

    El silencio de Dirien era como una espada en el corazón de Fujur, y su llanto se hizo más intenso.

    -Perdóname…Yo…No tengo excusa… He estado tan ciego…que…Y Rin ha…
    -Ya sé lo que le ha pasado a Rin. –su voz era un suspiro de resignación, mientras cerraba los ojos, confirmando sus temores. – No me habrías traído a un cementerio si no. Ha sido culpa mía, por precipitarme y no dejarte hablar.

    El llanto de Fujur fue la única respuesta. Dirien suspiró.

    << En el fondo sigue siendo alguien más joven que yo, que no sabe nada de la vida. Es un crío con una responsabilidad demasiado grande. >>

    ________________________________________________________



    Dirien lo había sabido en Brakmar. Nadie se lo había dicho, pero lo había sabido. Aquello que vio en Brakmar no fue un espejismo…Fue una despedida. Lo había sospechado en aquel entonces, y por eso había roto a llorar en medio de la batalla.

    -¿Cómo fue? –su tono era sereno. Antes de culpar a nadie quería saber la verdad.

    -Cuando supo lo de Servant quiso ir a Brakmar. Yo estaba en Astrub, así que me enteré más tarde. Un compañero dezhert se lo negó, le dijo que esperara órdenes… Pero al parecer ella se negó. –la voz de Fujur era débil y temblorosa mientras seguía llorando.

    - Tú…-Dirien lo miró. Sus ojos bicolores mostraban una compasión que nunca antes habían mostrado por nadie- Tú también…

    -No estuve allí cuando me necesitó… ¡Le fallé…! ¡¡Fallé a todos como jefe dejando que dos miembros se pelearan hasta ese extremo…!!


    << Él también la amaba. Todo cobra sentido. >>

    Dirien se cubrió el rostro con las manos ennegrecidas y no pudo evitar reprimir una carcajada.

    << ¡¡Qué protección del mundo ni qué mierdas!! ¡¡Todo este tiempo había sido una cuestión amorosa…!! >>

    Fujur lo miró desconcertado. Dirien se levantó, todavía con el brazo roto, y ayudó al maltrecho osamodas a ponerse en pie.

    -Vamos. Enséñame dónde está.

    Era curioso. Sabiendo aquello, Dirien había dejado de odiar al líder de los Dezhert. Seguía siendo un cretino, sí. Pero no era el cruel hijo de perra que se había imaginado. Después de todo, había hecho aquello por algo tan mundano como el amor, no por fanatismo o enajenación mental.

    Fujur asintió débilmente y empezaron a caminar ambos débilmente, tambaleándose y andando con dificultad, como si nada hubiera pasado antes.

    Dirien sonrió para sí mismo mientras caminaban, pensando en semejante ironía. ¿Quién en su sano juicio acabaría haciendo las paces con su némesis solo porque descubre que sentían lo mismo por la misma persona?

    Solo había una respuesta.

    << Alguien cuya vida ha sido cambiada por Rinoha. >>

      Fecha y hora actual: Jue 27 Abr 2017, 5:49 pm